Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Proscripción de la lógica

Se ven por ahí actitudes a las cuales es imposible encontrarles, no digo justificación, pero ni siquiera una base lógica. Producen el estupor temeroso ante lo irracional.

Se ven por ahí actitudes a las cuales es imposible encontrarles, no digo justificación, pero ni siquiera una base lógica. Producen el estupor temeroso ante lo irracional.

En el estado de Paraná, sur del Brasil, se produjo días atrás un motín carcelario. Los presos se apoderaron de las instalaciones, retuvieron de rehenes a dos guardias y mataron a cuatro reclusos, dos de ellos decapitados. El motín duró dos días, lapso en el cual los amotinados se dejaron fotografiar en los techos del penal, vestidos con sus uniformes naranja, las cabezas cubiertas por camisas blancas al estilo jihadista y enarbolando como trofeos las dos cabezas de sus, hasta dos días antes, compañeros de presidio. Dijeron que reclamaban por la mala comida y las condiciones de hacinamiento. Cuarenta y ocho horas después liberaron a los guardias, cedieron el control del edificio y permitieron el retiro y entierro de los cadáveres.

Además de atroz, el episodio resulta irracional y absurdo. ¿Qué culpa o relación tenían los dos presos decapitados o los otros dos asesinados de modo convencional, con la mala calidad de la comida? ¿O con el hacinamiento? Uno puede aceptar una explicación para esa absoluta falta de lógica entre la acción emprendida y el resultado esperado imputándola al embrutecimiento y a la falta total de educación que se presume en la población carcelaria. Pero no es necesariamente así. Veamos.

La misma falta de lógica y la misma incongruencia desalmada entre el tipo de acción elegida y el resultado esperado o reclamado se dio, también hace poco tiempo, en nuestro país y entre gente presumiblemente educada con particular primor. Semanas atrás una maestra fue agredida a cachetadas por la madre de uno de sus alumnos. Todo el país reprobó el hecho sin necesidad de estímulos especiales para hacerlo. El gremio docente reaccionó decretando un paro de la enseñanza. ¿De qué misteriosa manera puede la privación de clases a todos los niños contribuir a que cesen las cachetadas a las maestras? En ambos casos, el brasileño y el local, se trata del mismo y alarmante desprecio de la lógica.

Lo que es más difícil aún de entender (o más cruelmente irracional) es que las acciones emprendidas -en un caso las decapitaciones y en el otro la privación de las clases a todos los niños- están dirigidas contra quienes nada pueden hacer para solucionar o mejorar las deficiencias planteadas. Buscar conseguir un bien a través de un daño ya es, de por sí, censurable. Pero cuando el daño se infiere a quienes no tuvieron nada que ver en su causa ni posibilidad alguna de intervenir en su solución, la irracionalidad es, literalmente, brutal, propia de brutos irracionales.

En esa línea de pensamiento: ¿qué beneficio se deriva de hacer perder un jornal a todos los obreros de la construcción cuando se accidenta uno de ellos? ¿Qué solución pueden aportar los pasajeros abandonados en las calles cuando paran los taxistas por el asesinato de uno de sus compañeros? O ¿qué sentido tiene el paro general anunciado para setiembre por el Pit-Cnt para indicarle a los trabajadores a qué candidato no pueden votar?

Quizás haya que pensar en dos cosas. Una: que los motivos verdaderos no sean los explicitados sino otros, probablemente inconfesables. Dos: cuando lo pasional tiene un remoto origen biliar, sus ácidos diluyen al uso de la razón.


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