Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Profesión de periodista

El periodismo es muy importante para la democracia. La calidad del periodismo es importante. En estas semanas que acaban de transcurrir tomé conocimiento de dos episodios que me servirán para entrar en el tema que quiero abordar.

En un programa radial de la mañana tuvo lugar una entrevista a la ministra de Educación y Cultura. La ministra es la Dra. María Julia Muñoz: Marita para sus íntimos. El periodista inquirió sobre los gravísimos problemas que padece la educación pública dirigiéndose en todo momento a la ministra como Marita (y en tono de Marita).

También acaba de aparecer un libro más sobre el expresidente de la República, José Mujica. Este nuevo libro se extiende, de forma asaz visible, para establecer sin lugar a dudas sobre el grado de familiaridad y proximidad entre los dos periodistas que lo firman y el expresidente, que allí, si se quiere, es dos veces Pepe.

El tema de este artículo se resume en dos palabras: la relación del periodismo con el pod

El periodismo es muy importante para la democracia. La calidad del periodismo es importante. En estas semanas que acaban de transcurrir tomé conocimiento de dos episodios que me servirán para entrar en el tema que quiero abordar.

En un programa radial de la mañana tuvo lugar una entrevista a la ministra de Educación y Cultura. La ministra es la Dra. María Julia Muñoz: Marita para sus íntimos. El periodista inquirió sobre los gravísimos problemas que padece la educación pública dirigiéndose en todo momento a la ministra como Marita (y en tono de Marita).

También acaba de aparecer un libro más sobre el expresidente de la República, José Mujica. Este nuevo libro se extiende, de forma asaz visible, para establecer sin lugar a dudas sobre el grado de familiaridad y proximidad entre los dos periodistas que lo firman y el expresidente, que allí, si se quiere, es dos veces Pepe.

El tema de este artículo se resume en dos palabras: la relación del periodismo con el poder o con los poderosos. A lo que apunto es que, desde mi punto de vista, cualquier periodista que busque mostrar en su actuación profesional su grado de intimidad con el poder o de familiaridad con los poderosos (cualesquiera que sean) resulta poco confiable. Personalmente creo que los buenos periodistas son aquellos que, a la larga o a la corta, terminan en malos términos con el poderoso (o el poderoso con ellos). Si terminan íntimos, de che y tú, desconfío.

La proximidad con el poder y con los poderosos es generalmente atractiva. Lo es para todo el mundo porque el que llegó al poder no llegó caminando distraído: llegó porque tiene un algo muy especial y, por ende, su trato resulta particularmente interesante. Esa proximidad es claramente valiosa para el periodista porque mucha información privilegiada yace a la sombra del poder. Lo que complica bastante las cosas para el periodista es el inevitable conflicto que espontáneamente se genera entre una intimidad cálida como la tejida y la urgencia de difusión o revelación (sacar de las sombras) que es profesionalmente obligatoria y la razón de ser del periodismo.

El periodista, en su defensa, puede proclamar su independencia y afirmar que no deja de señalar los puntos oscuros que ve en la persona del poderoso o en sus acciones, a pesar de la intimidad que se ha condensado entre ambos.

Formalmente esto puede ser cierto y las sombras y las críticas no se escamoteen ni disimulen, pero el resultado periodístico termina generalmente pareciéndose a lo que expresa, por ejemplo, el entorno político de Mujica. Ellos también ven sus defectos y errores (es imposible no verlos, Mujica está todo a la vista, es en sí mismo espectáculo). Pero agregan indulgentes: y bueno: ¡son cosas del Pepe!

He conocido un solo periodista que era admirador y amigo entrañable de un importante dirigente político (tan seductor como Mujica). Un buen día se encontró ante lo que consideraba un traspié grave de ese personaje y no lo disimuló: lo publicó indignado. Quizás haya conocido dos periodistas así; seguramente no tres.

El periodista que hace gala de su proximidad con el poder o con algún poderoso (o con todo poderoso a su alcance, que también se da) compromete su capital de credibilidad. La proximidad con el poder proporciona importancia: no cabe duda. La distancia da independencia. Tampoco cabe duda. No me gusta el periodista que busca darse importancia.

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