Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Primer análisis

En este proceso electoral en que está embarcado nuestro país se han dado dos situaciones, marginales a los grandes resultados, que interesa analizar; una es la aparición de campañas sucias y la otra es la aparición de Cabildo Abierto. Tomaré una por semana.

Las acciones para ensuciar una campaña electoral tienen dos formas: a la antigua y a la supermoderna. A la antigua empezaron hace muchos meses: la Ministra de Educación diciendo que el candidato del partido Nacional era un nene de mamá que nunca trabajó o Carolina Cosse para quien Lacalle Pou no sabe nada del Uruguay ya que vive en un barrio privado. Son modos directos (y femeninos) de ensuciar la cancha mediante la descalificación personal sin relación a ninguna propuesta electoral específica.

El enchastre a la moderna es diferente; tiene lugar en las redes, en Internet, mediante el uso de plataformas de comunicación originadas en países lejanos, muy difíciles de rastrear y más difícil aún de imputar a un agente o mandante: es la distribución anónima, incontrolable y profesionalizada de falsedades, injurias o burlas contra el opositor político.

En Estados Unidos, con los medios técnicos sofisticadísimos con que allí se cuenta, la investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones encargada por el Parlamento (el Mueller Report) reconoce que hubo interferencias pero declara que no puede adjudicárselo a nadie ni identificar responsable.

Pero aquí en nuestro país y en ocasión de estas recientes elecciones las cosas se han facilitado enormemente dado que Juan Sartori manifestó a la prensa que él se había dispuesto a ensuciar la campaña de las internas habiendo contratado para ese fin a dos esbirros centroamericanos que circulan por el mundo como los campeones de las campañas sucias y bajo ese título y en virtud de esa inmunda especialización cobran suculentos honorarios e inscriben en su currículum cada campaña ganada por medio de esas sus miserables artes. A confesión de parte relevo de prueba.

El Partido Nacional, a través de su Directorio -el cual integro- dejó en claro su postura respecto a los procedimientos de Sartori al rechazar la carta, firmada por el Dr. Alem García, en la cual, entre otras presunciones infundadas, se denostaba a los otros precandidatos del partido calificándolos despectivamente como integrantes de la vieja política, entre otras inconveniencias inadmisibles.

Después de las internas el senador Luis Lacalle Pou, ya como candidato de todo el Partido, ratificó la posición del Directorio diciendo: “ahora que soy candidato a Presidente está prohibido hacer campaña sucia”.

Es técnica y jurídicamente muy difícil combatir o neutralizar a los promotores y/o operadores de las prácticas infames dirigidas a ensuciar las campañas electorales; sus operadores se escudan, por un lado, en la libertad de expresión y, por el otro, en los modernos recursos de encriptamiento. Todas las prohibiciones formales que se puedan dictar y todos los policiamientos que se pretenda desplegar van a ser inútiles. La única y más eficaz defensa y antídoto está en la formación cívica del personal político, en la firmeza de su convicción moral de que sería una ignominia juntar de ese modo y con esos métodos los votos necesarios para una victoria electoral. Sobre esa base ha actuado el Partido Nacional y lo seguirá haciendo.

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