Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Perplejidad china

La semana pasada escribí sobre el viaje a China del Presidente Vázquez y su heterogénea comitiva en busca de un tratado de libre comercio. Manifesté que la primera reacción producto de ese viaje había sido de perplejidad. Dicha reacción -perplejidad o desconcierto- no es solo mía ni surge solamente de ese viaje, sino de lo que ha sido el manejo diplomático de este gobierno en lo que tiene que ver con nuestra inserción comercial en el mundo. El miércoles pasado pudimos leer en estas páginas un excelente artículo de Joaquín Secco García en el cual su autor desarrolla con serena prolijidad las sucesivas etapas del despiste en que han patinado, en direcciones contradictorias, los últimos gobiernos.

La semana pasada escribí sobre el viaje a China del Presidente Vázquez y su heterogénea comitiva en busca de un tratado de libre comercio. Manifesté que la primera reacción producto de ese viaje había sido de perplejidad. Dicha reacción -perplejidad o desconcierto- no es solo mía ni surge solamente de ese viaje, sino de lo que ha sido el manejo diplomático de este gobierno en lo que tiene que ver con nuestra inserción comercial en el mundo. El miércoles pasado pudimos leer en estas páginas un excelente artículo de Joaquín Secco García en el cual su autor desarrolla con serena prolijidad las sucesivas etapas del despiste en que han patinado, en direcciones contradictorias, los últimos gobiernos.

Algo tan importante para un país pequeño como son sus vínculos externos, aparece y desaparece del escenario sin que llegue a condensarse en la opinión pública, sin tiempo ni espacio para la discusión interpartidaria. El TISA, importante tratado internacional sobre los servicios, apareció y desapareció en la mesa política del Frente Amplio sin siquiera haber sido presentado al país. El tratado con Chile irrumpió como un “rejucilo”, una sorpresa sin antesala, fue bendecido in situ y sin más ceremonia remitido al Parlamento.

Algo parecido ha sucedido con este viaje a China, con su concomitante retórica de entusiasmo por un acuerdo comercial inminente. En otro momento fueron convocados tres veces a Suárez todos los expresidentes para consultas anticipadas sobre el destino de los millones provenientes de un petróleo que ni existía, pero nada parecido se organizó para preparar el tratado con China, que se presenta como de igual trascendencia para el futuro del país.

La mentalidad política del Frente Amplio, que pregona una adhesión de converso al Mercosur y lo considera como paradigma de inserción regional, es la misma que ha descuartizado al Mercosur. Lo que fue concebido como una unión aduanera se dejó despectivamente de lado; se creyó que para las relaciones regionales lo ideal era la camaradería personal con gobernantes ideológicamente afines (Lula-Dilma, Néstor K-Cristina) cuando lo que es necesario son relaciones institucionales con los países. Y así ha muerto el Mercosur a manos de sus panegiristas.

Nuestro país necesita pensar -y tematizar públicamente- para dónde va el mundo y la región y luego plantearse dónde y cómo nos paramos allí, y cómo y dónde nos conviene insertarnos. ¿Por qué el súbito entusiasmo por China? ¿Por qué no la India? Ya hay inversiones importantes de India en nuestro país. El mismo Vázquez, recién estrenado Presidente, hizo su primer viaje del Palacio Legislativo a la casa de Gobierno en una camioneta de origen indio armada acá. Pero, además, considerando el tiro largo, India tiene dos ventajas con las cuales China no puede competir: en la India todos hablan inglés y además se manejan con nuestro mismo alfabeto; eso quiere decir las mismas treinta teclas de la computadora (y no diez mil caracteres). Ya se sabe que en este siglo la computadora manda.

Además de mirar al mundo, el Uruguay se tiene que mirar y discutir a sí mismo. ¿Queremos seguir en la primarización económica y productiva en que venimos? ¿Estamos, como país, absolutamente subordinados a la demanda? ¿A un solo tipo de demanda?

El país en su conjunto debe tener oportunidad y tiempo para discutir ampliamente estos asuntos.

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