Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Pensamientos post 1a. vuelta

Pasaron las elecciones que determinan la composición del Parlamento.

Tuvo lugar un cambio importante respecto a las elecciones pasadas: no hay más mayorías absolutas de un solo Partido. Además de eso quedó de manifiesto una voluntad popular: entre cambiar o que todo siguiera como antes, la gente eligió cambiar. Cambiar tiene una primera y elemental versión: que el Frente Amplio no siga en el gobierno y que venga otro. Sobre esa premisa se desarrolla la preferencia por cuál otro.

Ahora empieza el camino hacia el balotaje. No veo ningún motivo para pensar que la gente que votó por el cambio vaya a elegir, un mes después, contradecirse y elegir la continuidad. El Frente Amplio no tiene más remedio que estrujar la lógica e inventarse hipótesis de inversión de sentido de la decisión popular pero… es buscar la quinta pata al gato.

Más allá de lo que sucedió el domingo pasado -resumido arriba en lo esencial- me parece interesante destacar otros aspectos. Uno de ellos es la verificación de que, en nuestro país, desde hace mucho tiempo y hasta ahora, los actores políticos son los Partidos. No es bien visto entre nosotros cuando otras organizaciones (sindicatos, militares, etc.) se mueven para jugar como actores políticos sustitutos. Nuestra tradición y nuestro sistema político es un sistema de Partidos y existe en el país una columna vertebral integrada por Partidos longevos, activos y consistentes. Todavía.

Nada más efectivo para valorar a los Partidos que mirar lo que está sucediendo en Francia y en Chile. En ambos países estamos viendo las calles invadidas por multitudes movidas por un festejo destructivo, dañando lo que encuentran a su paso sin formular una propuesta concreta, sin organización ni directivos responsables. Todos hemos oído y leído en estos días explicaciones superficiales del fenómeno basadas en frases hechas (la gota que desbordó el vaso y similares) o deliberadamente retorcidas por alguno para traer agua a su molino (hoy notoriamente maltrecho). No voy a ofrecer una explicación porque no la tengo; traigo el caso para señalar lo que sucede cuando una sociedad desconoce o pierde totalmente su vinculación con las estructuras y tradiciones políticas de representación-identificación: es decir cuando se esfuman los Partidos. Si no hay partidos políticos verdaderos que reciban y organicen los sentires y los impulsos populares, las cosas terminan como en Chile (donde aún no terminaron ni se sabe cómo terminarán).

Quiero finalizar dirigiendo la atención sobre un fenómeno muy uruguayo que no fue entendido por la academia ni por las dirigencias partidarias. Dos años atrás detonó ordenadamente (los dos términos son exactos) en Durazno una protesta autoconvocada. Fue algo muy diferente a lo de Chile o a los chalecos amarillos de Francia. Fue muy uruguayo. Sus organizadores convocaron a una protesta con postulados concretos, no pretendieron sustituir a ningún Partido y no dejaron que se metiera ningún político, juntaron un montón de gente, leyeron su proclama, no rompieron nada ni prepotearon a nadie y después del acto recogieron hasta los papeles tirados en el piso. Muchos, al poco tiempo, dijeron que todo había quedado en nada. No supieron ver. Allí tuvo lugar una emergencia visible y pública de lo que se expresaría más tarde el domingo pasado, canalizado, como corresponde, por los partidos políticos.

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