Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

La pecera y el océano

Falta solamente una semana. De parte de los candidatos está todo dicho; para conocer lo que diga el pueblo uruguayo hay que esperar esa semana. Los candidatos, cada uno por su lado, han expresado cien veces, en todos los diarios, en todas las radios y en todos los rincones del territorio nacional, sus planes y propósitos de futuro par el Uruguay. Todos los discursos y las propuestas se han referido a los problemas y a las posibilidades locales, las de este confín del mudo que habitamos, que sufrimos, que amamos y que queremos mejorar.

Falta solamente una semana. De parte de los candidatos está todo dicho; para conocer lo que diga el pueblo uruguayo hay que esperar esa semana. Los candidatos, cada uno por su lado, han expresado cien veces, en todos los diarios, en todas las radios y en todos los rincones del territorio nacional, sus planes y propósitos de futuro par el Uruguay. Todos los discursos y las propuestas se han referido a los problemas y a las posibilidades locales, las de este confín del mudo que habitamos, que sufrimos, que amamos y que queremos mejorar.

Sin embargo no deberíamos olvidar que vivimos en un contexto mayor. En una primera impresión el entorno, lo que nos rodea, que nos empuja-frena, que nos apoya-estorba, es lo familiar, lo próximo, lo de acá. Pero eso tan próximo recibe considerables influencias desde lejos, es moldeado por lo muy distante. Vivimos en el contexto del mundo occidental; de ahí que sea necesario prestar atención a las características de ese mundo, lejano pero que se nos mete dentro.
Una característica es la globalización del sistema productivo, impulsada por la libre y vertiginosa circulación del dinero y la abundancia y accesibilidad de la información. Alrededor del mundo gira una colosal masa de dinero volátil que se aplica y se fuga con la misma facilidad y desapego. Pasa por encima de fronteras y escapa al control de los gobiernos.

En contraposición o como contrapeso a lo anterior también es cierto que se han registrado progresos en el equilibrio entre el mercado, como organizador de la economía, y las urnas, o sea, las opciones políticas para fijar democráticamente ciertos rumbos distintos a la espontaneidad de la mano invisible.

Otra característica es el incesante proceso de urbanización. Este proceso trae desde consecuencias ecológicas hasta nuevos estilos de vida y hábitos de consumo. Hay una marcha inexorable hacia la contigüidad física, el apretuje, la clausura del horizonte, los comportamientos de manada y la disposición a sacrificar sin remordimientos la relativa placidez de los espacios abiertos.

Acorde con esto se debe señalar el cambio climático, que tiene causas propias de la dinámica del sistema planetario, sobre las cuales poco podemos hacer, pero tiene otras causas en el accionar del hombre cuando usa los recursos naturales para satisfacer las necesidades de la creciente población mundial.

La última característica quizás sea la aparición de una forma nueva de acción social, al margen o en paralelo con las formas clásicas de representación democrática, que se ha hecho posible mediante los rápidos e incontrolables adelantos de la tecnología de la comunicación. ¿Hasta dónde podrá llegar la fuerza de eso que llamamos las redes sociales? (primavera árabe, Hong Kong, el nuevo Califato en Siria, los indignados). Todavía estamos lejos de comprender sus consecuencias prácticas a largo plazo.

Con las elecciones nacionales tan próximas y tan disputadas los uruguayos estamos absorbidos por la perspectiva local: el Uruguay de los próximos cinco años (y también el de los cinco años pasados). Más tarde o más temprano tendremos que hacer lugar a la reflexión sobre lo global, sobre el mundo y el tiempo en que vivimos -en el que ya hemos ingresado- y pensar en las formas de sortear sus amenazas y, a la vez, de aprovechar las posibilidades que nos abre. Y pensar también en elegir un gobierno más acorde a esos tiempos.

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