Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

¿Qué pasó? (II)

La semana pasada escribí que lo que me parecía más significativo y lleno de enseñanzas del episodio electoral era la derrota del Frente Amplio, interpretada como muestra de una pausada pero constante distancia que el Uruguay va poniendo respecto a su entusiasmo frenteamplista.

Eso merece profundización. ¿Cuáles habrán sido las causas?

J. Secco en La Diaria (21-XII-2019) escribe que muchas de las explicaciones que circulan sobre el fracaso electoral del Frente en octubre “están centradas en minucias internas de la organización de la campaña”. Estoy de acuerdo: esa ha sido -agrego yo- la forma en que el Frente Amplio se resiste a aceptar que le haya sucedido lo que realmente sucedió. Y prosigue Secco: “¿Cuántos votos se pedieron por la soberbia que se percibe? ¿Y por qué se percibe? ¿Qué la origina?”.

La soberbia es un defecto muy humano que, en sí, no tiene nada que ver con la política y afecta con más facilidad a quienes tienen éxito en algún sentido. Pero hay éxitos políticos que generan soberbia política, la cual empuja a quien la siente a considerarse por encima de los otros y por encima de la ley general.

El Frente Amplio en el gobierno ha ido fomentando en su funcionamiento -en su relato y en el imaginario que lo sustenta- la noción de ser un partido político fuera de serie, superior, o, en último término, el único partido político respetable y digno. Esto le viene al Frente Amplio no solo por el costado humano -los notables éxitos de haber llegado a ser el partido político más numeroso del Uruguay y el más influyente-sino también por el costado ideológico. En la medida en que en los procesos de reordenamiento de sus fuerzas internas ha dado preponderancia a fracciones y liderazgos con antecedentes marxistas leninistas, la idea de partido único, propia de esa ideología, se fue consolidando. Es la secuencia natural de la concepción de un solo camino de progreso político y económico: todo lo demás es burgués, deleznable y cómplice de la explotación. La soberbia del Frente tiene, además de la humana, una base ideológica.

Sobre esa base se ha apoyado el despliegue de poder con que el Frente ha bloqueado todas las Comisiones Investigadoras, planteó una inicial defensa cerrada (unánime) de Sendic y su diploma inexistente, montó la farsa del remate trucho de los aviones de PLUNA, el manejo de ASSE, la planta de etanol en Artigas y una larguísima lista de acciones que se podrían resumir y caracterizar como el uso de la pesada. En el orden sindical es lo que defiende el PIT-CNT con las ocupaciones: si no hay acuerdo o acatamiento, ocupamos. Esta actitud da cuenta tanto del desprestigio actual de los sindicatos como del fastidio o desenamoramiento político con el Frente Amplio.

La derrota del Frente se explica porque éste no respetó y no entendió algo que el uruguayo tiene muy adentro y que le hace desconfiar primero y rechazar después cualquier desplante de prepotencia. Este es un punto profusamente estudiado por intelectuales que ya son clásicos: Rama en su “Democracia en Uruguay”, Real de Azúa y Pivel Devoto en todos sus escritos. El Uruguay es un país de cercanías, de equilibrios, de mesocracia, de la moderación, donde el impulso es a la vez el freno. Fue a través de su manejo del poder que el Frente Amplio se desuruguayizó y labró su desencuentro con el Uruguay. Por eso, al cabo de otras pérdidas, perdió la elección.

Seguiremos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados