Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Otros problemas

En estos meses los uruguayos nos hemos sobresaltado por una serie de acontecimientos domésticos inusualmente preocupantes. Han absorbido toda nuestra capacidad de atención, dejándonos poco espacio para otras preocupaciones, por ejemplo, la de descifrar el mundo en que nos ha tocado vivir.

En estos meses los uruguayos nos hemos sobresaltado por una serie de acontecimientos domésticos inusualmente preocupantes. Han absorbido toda nuestra capacidad de atención, dejándonos poco espacio para otras preocupaciones, por ejemplo, la de descifrar el mundo en que nos ha tocado vivir.

Según Jeremy Rifkin (The Age of Access) la modernidad quedó atrás y estamos en la post modernidad. “El mundo para los post modernos es una construcción humana: lo creamos con las historias que inventamos para explicarlo. Es un mundo creado por el lenguaje, unido por metáforas y significados consensuados y compartidos que va cambiando con el tiempo. En el mundo post moderno las historias y las representaciones se vuelven más importantes que los hechos y las cifras”.

Nuestro mundo está cambiando. El nene uruguayo de cuatro años maneja el teléfono celular y la computadora con una soltura que maravilla a su padre (y espanta a su abuelo). Eso no significa que los nenes de ahora vienen más inteligentes que los de antes, sino que los lenguajes que “hablan” y entienden las computadoras fueron creados por gente muy joven que se comunica en un “idioma” que el niño entiende por proximidad. Los que somos hijos de la cultura de Guttemberg pensamos linealmente, tal como leemos y escribimos: sujeto, verbo y predicado, renglón tras renglón, en una lógica lineal, secuencial, deductiva. La comunicación post moderna no es así: el proceso de pensar tampoco.

El mensaje político que tuvo mayor llegada en la campaña electoral de Luis Lacalle Pou fue cuando hizo la bandera. Si no me cree revise la secuencia de las encuestas de opinión. Alguno dirá (y dijeron) ¡qué desastre! Si ese es todo el contenido de la propuesta electoral de un candidato quiere decir que el Uruguay se fue definitivamente al hoyo. No señor; no se fue al hoyo: simplemente se fue; ahora hay otro Uruguay, hijo de otra comunicación. En esa clave de comunicación el episodio de la bandera, de apariencia meramente gimnástica, tuvo un claro y amplio contenido político, de visión de país, de propuesta germinal. Hay que saber deletrearlo. La política del futuro se desarrolla en la comunicación, es una disputa por construir o imponer una representación simbólica y tiene lugar en el imaginario colectivo. Retorno al texto de Rifkin: “La era poseedora se distingue por el juego, mientras que la laboriosidad era el distintivo de la era moderna. Las ideologías, las verdades inalterables y las leyes férreas se arrinconan para dejar espacio a toda clase de representaciones”. Uno puede pensar que esto es malo o que es bueno, peligroso o prometedor: antes hay que tratar de entender cómo es. Poco a poco dejará de haber cabezas formadas en la comunicación que nos educó a los que tenemos años y habrá cada vez más de las otras. Hoy -y me pongo en el tiempo que vendrá porque ya está aquí- se piensa de otra manera, se comunica de otra manera y, entre otras cosas, se hace (o se hará) política de otra manera. En otras palabras, la única convocatoria política con chances de ser escuchada y de convocar será el discurso pos moderno. Si estos días nos sentimos podridos de los paros en la enseñanza, los escándalos de Ancap, el juicio de Amodio, los regalos del Fondes, las ocupaciones, Irma Leites, Olesker, el procesamiento de J. López y el resto, dediquemos un tiempo a pensar sobre las características de los tiempos que corren.

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