Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El Obelisco

El próximo martes es 27 de Noviembre y se cumplen años de aquel formidable despliegue cívico conocido como el acto del Obelisco. Allí terminó simbólicamente el período militar.

Oficialmente la dictadura terminaría el día que se celebraron las elecciones de 1984, pero el final puesto en escena, a la vista de todos y en alta voz fue en el Obelisco.

Un pueblo que había aguantado años en la oscuridad de la opresión se congregó en el Parque de los Aliados formando un río de libertad, ansioso por escuchar, en la voz de Candeau, la proclama que habían redactado Gonzalo Aguirre y Enrique Tarigo y para decir, con su presencia bajo el sol radiante de aquella tarde de Noviembre, que querían para sí, para todos los uruguayos, un Uruguay democrático y sin exclusiones.

Durante muchos años -muchos Noviembres- nadie evocó, ni recordó, ni se emocionó o se preocupó por festejar aquella respuesta de un pueblo recobrando su dignidad y la memoria de lo que era, de lo que se le debía y venía a reclamar.

Durante muchos años, en cambio, llegaba Junio y surgían voces por todos lados que mencionaban el 27 de junio y el golpe de estado. Se hacía -según decían- para que nunca fuese olvidado lo que habían hecho sus perpetradores y lo que había sufrido por ello todo el país.

El propósito visible y proclamado era que ese recuerdo nos ayudaría a no reincidir, a no dejar que otra vez se perdiesen en esta tierra las libertades. El propósito invisible en insistir en esa fecha -día de la clausura del Parlamento- era colocar a los protagonistas de esa acción como únicos responsables de la tiniebla cívica; los otros responsables se acogerían a la categoría de víctimas.

Recordar el 27 de Junio y convertirlo en un día de conmemoración es conmemorar una derrota nacional. Conmemorar el acto del Obelisco es celebrar una resonante y ejemplar victoria de los uruguayos.

Las juventudes de todos los Partidos han tenido la iniciativa mancomunada de hacer un acto conmemorativo, celebrando lo que fue aquella formidable manifestación cívica. Mirando hacia el futuro han buscado darle el mismo sentido con el que los ahora viejos organizamos aquello treinta y cinco años atrás. Si arriba del estrado había una enorme pancarta donde se leía “Por un Uruguay democrático sin Exclusiones”, esta nueva conmemoración debía ser de todos. Así lo entendieron los jóvenes de todos los Partidos, con ese sello lo han organizado y así será. El acto de este martes está encaminado a gritar el mismo grito: queremos un Uruguay sin exclusiones, lo seguimos queriendo, estamos empeñados en ello.

Ahora que se difunden tantas voces que reclaman la descalificación del adversario, la exclusión del diferente y la condena de quienes no se inclinan ante lo políticamente correcto o las verdades únicas, ahora que se ha borroneado la noción de que democracia quiere decir legitimación del disidente, ahora y por eso mismo ahora, es más digna de aplauso esta iniciativa de las juventudes partidarias de todos los Partidos.

Lo que entendió tan claramente aquel Uruguay que dejaba atrás la infamia de la dictadura es lo mismo que entendemos hoy como compromiso a respetar y volver a consolidar.

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