Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Me equivoqué

Poco a poco, y dolorosamente, me voy dando cuenta que me equivoqué. Pensé que el Dr. Vázquez venía con la idea y el propósito de rectificar rumbos, convencido de los graves perjuicios que el gobierno de Mujica le había inferido al país.

Poco a poco, y dolorosamente, me voy dando cuenta que me equivoqué. Pensé que el Dr. Vázquez venía con la idea y el propósito de rectificar rumbos, convencido de los graves perjuicios que el gobierno de Mujica le había inferido al país.

¿No lo pensamos todos (unos con regocijo y otros con desazón)? Había base para dar lugar a esas expectativas: “Recibimos las cosas en peor estado de lo que suponíamos”, dijeron al asumir, y Vázquez armó su gabinete sin dilaciones ni consultas, tomando profiláctica distancia del estilo anterior y de sus más notorios personajes: de ahora en adelante todos con corbata.

El período de gobierno de Mujica había sido juzgado, no solo por blancos y colorados, sino por una parte del Frente Amplio. El juicio era severo. A nadie se le ocultaba que la bonanza económica recibida desde el contexto mundial se extinguía sin haber sido capitalizada; que la Cancillería no había logrado ninguna relación internacional prometedora fuera del tullido Mercosur y de los abrazos ideológicos delirantes (Venezuela); que se había claudicado sin pelear en el capítulo de la enseñanza, no obstante el compromiso reiterado tres veces y que, finalmente, se había extendido un caos administrativo y hasta legal como subproducto directo de la confusión reinante en la cabeza de Mujica y en el MPP, (magistralmente identificados por Darwin Desbocatti como “fuerza de improvisación destructiva”).

Parecía, pues, que había clara conciencia y diligente disposición a tomar medidas de gobierno en otro sentido y con otro estilo.

Vázquez entró pisando firme. El Fondes, vertedero estéril donde se quemaba lentamente la plata del BROU como velita prendida al socialismo (“mucho humo y poca luz, farolito de papel”) se ponía en vereda; el Antel Arena se postergaba hasta el año del golero; el TISA, en boca del canciller y del ministro de Economía, era una oportunidad que el país no iba a desaprovechar. Todo dicho con tanta firmeza; todo abandonado con singular presteza. Ni Fondes, ni esencialidad, ni TISA, ni nada. ¡Hasta los sirios han dicho que se quieren ir!

Estamos de vuelta en el mujiquismo. Nunca salimos; ahora va quedando claro. De las varias izquierdas que se disputan el timón del Frente Amplio, ganó la izquierda albanesa. La crisis económica en la que entramos la va a manejar esa izquierda, la más cerrada y conservadora. Esa izquierda se ha devorado a Vázquez en pocos meses; (a Astori ya lo había masticado y digerido hace tiempo).

El gobierno tiene ahora una única preocupación primordial: preservar la unidad del Frente Amplio. Cualquier preocupación por el Uruguay y su destino ha quedado supeditada. Está a la vista. Lo más trágico es que esa unidad del Frente Amplio se asienta no sólo sobre la capitulación del gobierno sino sobre el vaciamiento de la política y la anulación del Parlamento.

Para rematar: hubo un momento en que se empezaron a escuchar voces predispuestas a una reforma constitucional. Dichas propuestas tenían fundamentaciones asaz endebles, como las que expuso Mónica Xavier. Pensé en ese momento que, estando tan demandada la atención del Frente hacia otros requerimientos, no habría espacio disponible para dar curso a esos devaneos. También aquí me equivoqué. No hay más remedio que prepararse para la defensa de la Constitución.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados