Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

La lección determinante

Las elecciones de este año -el conjunto de pasos que conforman el proceso electoral vigente- han dejado una enseñanza fundamental: aquí, en este país, las victorias electorales no son para siempre y las derrotas tampoco son para siempre.

Los hechos políticos que acontecen deben ser transformados en palabras, en discurso; si eso no ocurre la repercusión del hecho se debilita o se desvanece. El hecho político se vuelve inteligible no en la materialidad de lo acontecido si-no cuando pasa a convertirse en un relato.

Lo que aconteció el domingo pasado, con un resultado muy parejo cuando las encuestas de opinión anticipaban una ventaja clara para Lacalle Pou, ha dado lugar a toda clase de explicaciones, interpretaciones y excusas, todas ellas referidas a lo accesorio. Ya se han difundido toda suerte de suposiciones y acrobacias mentales para explicar cómo la ventaja anunciada terminó no siendo tal. La atención acaparada por lo accesorio ha dejado que se pierda de vista lo fundamental.

El hecho fundamental, lo que tendría que realzarse, ponderarse y subrayarse es que, políticamente hablando, el Uruguay ha mostrado que no tiene dueño. Pareció que sí por unos años, pero no, no lo tiene: acá las victorias no son definitivas y las derrotas tampoco. ¡Qué país!

Debajo de este escalón hay otra consideración importante a tener en cuenta y poner en palabras; ella está vinculada estrechamente con lo anterior. La convocatoria que ganó -tanto en octubre como en noviembre- fue la caracterizada por un propósito coaligador. No hace falta explicar o demostrar aquí lo que Luis Lacalle Pou ha venido diciendo y proponiendo desde el pri-mer día.

Su idea de gobierno de coalición no proviene de un cálculo aritmético sobre caudales electorales necesarios sino de una clara voluntad política referida tanto a las necesidades actuales del país como a sus mejores tradiciones.

Armar en Uruguay una coalición como propuesta de gobierno es ofrecer o proponer el cambio político más claro, más necesario y más deseado en las circunstancias actuales.

Es la propuesta de pasar de un estilo de gobierno en el cual el Frente Amplio ha sido un actor totalizante y excluyente, a una forma de gobierno multicolor, como lo describe Lacalle Pou.

Es dejar atrás la colonización del gobierno y la ocupación del estado (y de todos los espacios de poder) por un partido para abrirlo a una coalición de partidos.

Uno de los motivos de irritación de los uruguayos con el Frente Amplio ha sido el estilo autosuficiente y excluyente con que gobernó. En ese exceso -ubris para los griegos o recurso habitual a la pesada para los uruguayos- está una de las explicaciones del descenso de su caudal electoral. El partido único y vanguardia corresponden a la visión marxista: no es una planta nativa, no se adapta bien a este suelo político, ni a la idiosincrasia del pueblo uruguayo ni a su historia política.

En estos días de meditación involuntaria que ha dispuesto, con razonable prudencia, la Corte Electoral resulta de mayor provecho para todos -ganadores y perdedores- concentrarnos en lo esencial del resultado electoral y no en lo accesorio. Lo más importante es la constatación de que aquí las victorias electorales no son eternas y las derrotas tampoco.

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