Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Hoy se abre un camino

Hoy se vota; hoy los partidos políticos del Uruguay seleccionan entre sus miembros aquel que será candidato a la Presidencia de la República. Uno de ellos será efectivamente Presidente a partir de marzo del año que viene y por cinco años.

Al escribir estas líneas no sé quiénes serán los elegidos. Tampoco lo sabrá el lector al leer este diario el domingo por la mañana. Lo que caracterizará este día es el suspenso, el desear que pasen rápido las horas y lleguemos pronto a la noche para ir recibiendo los resultados.

La incertidumbre que envuelve cualquier vigilia electoral es, en este caso, mayor. El paso de las elecciones internas -voto voluntario y no obligatorio- abre hoy un camino a una posibilidad de que el Uruguay encare un proceso de transformación. No siempre sucede así, no siempre se dan las condiciones para que, además de un cambio de gobierno, se abra una oportunidad para un cambio mayor, para que el país se disponga a enfrentar su futuro con otras consignas y otro estado de ánimo.

Este primer paso del proceso electoral que va a llevar todo el año es el momento de los partidos políticos. Hoy se ponen en juego los liderazgos, hoy se miden las diversas corrientes que conforman los partidos políticos del Uruguay. Eso de por sí ya es importante.

En nuestro país la política vive en los partidos y no fuera de ellos. No hay fuerzas políticas empresariales, o militares, o religiosas. Los actores en la escena política uruguaya son y han sido siempre los partidos políticos. Eso es sano, es algo que los uruguayos hemos construido a través de los años y seríamos unos irresponsables los uruguayos de hoy si lo menospreciáramos o lo pusiésemos en riesgo.

En los tiempos que corren, con todo, crece la desconfianza y el descrédito en los partidos. Es un fenómeno mundial: lo vemos en Europa, en Estados Unidos y en nuestro vecindario latinoamericano. En nuestro medio ha despertado una fenomenal curiosidad periodística la aparición en la escena de figuras extrapartidarias; los llaman outsiders.

Ellos se convencen a sí mismos y quieren convencer a todos que su atractivo reside en no tener color partidario. Nuestro sistema de partidos ha mostrado tanta fortaleza que ningún recién llegado se queda afuera sino que busca acogerse a un Partido y el que elige quedarse afuera al poco tiempo se queda solo.

Los partidos uruguayos tienen una historia encima -todos ellos- y una acumulación de experiencias que los hace respetables. Quien quiera pasar por encima de los usos que los partidos han impuesto en el sistema estará, literalmente, cometiendo un atropello del cual no cosechará otra cosa que irritación y desprecio.

Hoy puede ser el comienzo de una renovación política para revitalizar la vida pública de nuestro país. O no. A esta altura del día no lo sabemos. Pero lo esperamos.

La premisa básica para que una sociedad o un país cambie cuando necesita cambiar es el reconocimiento de sus falencias y de sus vergüenzas. Como decía Tito Livio refiriéndose al ocaso del Imperio Romano, la decadencia se reconoce cuando las deficiencias se nos hacen insoportables pero tampoco toleramos los remedios necesarios. En sus propias y auténticas palabras: nec vitia nostra nec remedia pati possumus.

Espero que no sean aplicables a nuestro país.

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