Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Gobierno sin nafta

Este gobierno y, en particular el Presidente Vázquez, se ha estado defendiendo como gato entre la leña de las acusaciones que le imputan parálisis. Como dicen ahora, el gobierno se quedó sin agenda. No es exactamente ese el asunto.

Este gobierno y, en particular el Presidente Vázquez, se ha estado defendiendo como gato entre la leña de las acusaciones que le imputan parálisis. Como dicen ahora, el gobierno se quedó sin agenda. No es exactamente ese el asunto.

Si vamos a examinar las cosas estrictamente desde el punto de vista de la agenda (lista de tareas a cumplir) el gobierno tiene las manos llenas: entre Ancap, Sendic, ASSE, el Tribunal de Ética, Muñiz, el hospital de Rivera y el de Melo, los negocios de la regasificadora y ainda mais no le cabe ni una aguja más.

El problema está justamente en que por tener que ocuparse de todo eso al gobierno no le quedan ni fuerzas ni tiempo para ocuparse de gobernar. Y lo principal que tiene que hacer un gobierno es gobernar.

Samuel Huntington se hizo famoso por su libro sobre el choque de las civilizaciones, pero tiene una obra anterior titulada Political Order in Changing Societies. El punto central de su tesis es “political order”, es decir, el gobierno. Sostiene este autor que la diferencia más importante entre países no radica tanto en las formas de gobierno sino en los grados de gobierno: mucho gobierno o poco gobierno (no confundir gobierno con Estado). Y agrega: las diferencias entre democracia y dictadura son menos agudas que entre países donde el gobierno está ausente o cuando hay gobierno presente (legítimo, con autoridad, operativo).

Gunnar Myrdall, allá por los cincuenta del siglo pasado, señalaba la tragedia del mundo occidental que iba hacia una concentración de la riqueza que distanciaba a los países de punta de los países pobres. Pero la brecha grave, también agigantándose, era la que se estaba abriendo entre países con gobiernos legítimos (indiscutidos), efectivos (no acorralados por grupos de poder) y los que tenían deficit de gobierno. Que el gobierno sea de derecha o de izquierda, bueno o malo, culto o inculto… pero, en definitiva, que haya un gobierno.

En la medida en que la participación política se extiende a más gente (como ha sucedido en los países de la región) se hace necesario un crecimiento paralelo en el arte de convivir en común ordenadamente. Sin ese arte y esa disciplina la incorporación de más gente a la participación política deriva en desorden o en corrupción (aprovechamiento indebido). Arte de convivir es conciencia colectiva acerca de la importancia superior de respetar la ley, las sentencias judiciales y la disposiciones legítimas del gobierno frente a los derechos a la resistencia (marchas, bloqueo de rutas, ocupación de lugares públicos, etc.).

En un país políticamente maduro (con perdón de la palabra) las influencias políticas se despliegan a través de los partidos políticos.

Cuando los gobiernos son débiles, ellos quedan a merced y son más vulnerables a presiones externas. Esas presiones externas sobre los gobiernos débiles son aplicadas tanto desde el lado de los corporativismos como del lado de la corrupción, es decir, la influencia del dinero sobre las decisiones del gobierno y las conductas de los jerarcas.

En el caso de este gobierno esa debilidad se ha dejado ver hasta en las posturas oficiales respecto a la política internacional del país, ¿cómo se explica su conducta respecto a Venezuela? Es un desastre cuando un gobierno gobierna mal, pero el desastre es mayor cuando el gobierno no gobierna.

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