Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El gobierno de Moyano

Las relaciones internacionales son importantes para cualquier país y muy importantes para un país pequeño como el nuestro. En cuanto tema de interés público, las relaciones internacionales importan poco. Con todo, nuestras relaciones con Argentina -pésimas relaciones- sirven para que mirando hacia allá abramos los ojos hacia lo que pasa acá.

Las relaciones internacionales son importantes para cualquier país y muy importantes para un país pequeño como el nuestro. En cuanto tema de interés público, las relaciones internacionales importan poco. Con todo, nuestras relaciones con Argentina -pésimas relaciones- sirven para que mirando hacia allá abramos los ojos hacia lo que pasa acá.

Circunscribámonos al caso de la Hidrovía Paraná-Paraguay, la negativa del gobierno argentino a dragar el Canal Martín García, el cierre del amarradero de barcazas en Isla Palomas y demás medidas dirigidas directamente a perjudicar al puerto de Nueva Palmira, segundo puerto del Uruguay. Como siempre, no hay una sola causa: para explicar esa saña no se puede excluir del todo ni el estado hepático de la Presidente argentina ni los desvaríos geopolíticos del atrabiliario Canciller Timmerman. Pero el fondo de la explicación es uno solo y se ubica en la segunda persona más poderosa de Argentina después de Cristina Fernandez de Kirchner: el Sr. Moyano.

Las medidas que los uruguayos interpretamos como dirigidas contra nosotros en realidad están dirigidas contra un modo de transporte, el transporte fluvial, que compite con el transporte por carretera. El Sr. Moyano, además de presidir la central obrera argentina, es el jefe y dueño del sindicato de los camioneros. Él defiende su negocio y, sobre todo, su base de poder; la Argentina como tal le importa un pito.

La Argentina, acogotada por el default, privada de las fuentes de financiación internacional, vive toda ella de los granos que exporta. Esa enormidad de granos -ochenta o más millones de toneladas- hay que arrimarlas a los puertos de ultramar y exportarla. La Argentina tiene caudalosos ríos al lado de los lugares de producción agrícola. El transporte por camión es el más caro y el que produce mayor polución. En materia de rendimiento por potencia aplicada un HP mueve 150 kgrs. en la carretera, 500 kgrs. sobre el riel y 4.000 en el río. Los puertos uruguayos son más eficientes que los argentinos ¿Por qué trancar los ríos? Porque el Sr. Moyano es el señor de los camiones y nadie le toca su negocio. Él no está contra el Uruguay ni contra Nueva Palmira: está contra el transporte fluvial. Si la producción argentina se encarece, mala suerte, ese es el costo Moyano.

He aquí la lección que tendría que quedar clara en esta orilla. Cuando los sindicatos empiezan a anteponer los intereses de sus agremiados sobre el interés general y cuando los gremios pasan a convertirse en soporte político de gobiernos débiles y a tomar las decisiones de estado, la consecuencia es que se va al tacho el bien común y las formas democráticas de gobernar. Se produce una alteración grave al sistema de partidos y nace un potencial de corrupción pública.

Si miramos lo que sucede en la orilla de enfrente y lo comparamos con la votación de la ley de responsabilidad penal empresarial -comparación inevitable y lógica- veremos con mayor claridad la vergüenza que nos cabe. Ocho o nueve senadores del Frente Amplio -poco importa el número exacto a esta altura- que habían manifestado reparos fundados para acompañar dicho proyecto de ley, se dejaron intimidar por el PIT-CNT y votaron contra su conciencia y contra los intereses generales.
La pérdida de fe en la política así como la pérdida de respeto personal a los dirigentes partidarios se explica (y se produce) a partir de la debilidad con que sumisamente se entrega el poder que el pueblo confió a través del voto.

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