Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Gobierna un partido

La consistencia de un sistema político reposa en la consistencia de sus partidos.

Los personalismos pueden llegar a ser efectivos por un tiempo, (y por un precio) al cabo del cual inevitablemente llega el vacío y la disputa por la herencia. La solidez y la continuidad las da el sistema: el sistema de partidos, como el que tiene Uruguay.

En este momento en el Uruguay hay un gobierno de coalición. Esa coalición fue tejida por el Partido Nacional antes de las elecciones y consolidada después. La titularidad del Poder Ejecutivo la tiene el Partido Nacional; en ese sentido se puede hablar de un gobierno del Partido Nacional.

No gobierna un grupo de muchachos macanudos, entusiastas, preparados, que se congregaron alrededor de un joven candidato y que ahora son gobierno. No es así. Gobierna un partido, una historia, un entramado de fidelidades, una continuidad política puesta a prueba en mil batallas anteriores: una acumulación de proyectos, de sueños, de fracasos aleccionadores y de perseverancia en la concreción de una idea de país.

El Presidente de la República tiene el deber de colocarse por fuera del latir de la vida partidaria. Los Ministros, por el contrario, deben mantener despierta su vinculación con quien los puso en ese lugar. En el actual gabinete ministerial hay carteras ocupadas por diferentes socios de la coalición de gobierno y hay otras carteras en manos de personas que no han tenido filiación política antes de asumir el cargo y no la tendrán después, como es el caso de la Ministra de Economía, por ejemplo. Pero el Ministro del Interior o el Ministro de Defensa, sin perjuicio de sus aptitudes personales, ocupan sus respectivas carteras en función de su partido. No quiere decir que tengan que decidir en beneficio partidario, pero tienen que dar cuenta de su gestión al partido.

Siempre y en todos los casos gobierna un partido: cuando no gobierna un partido hay caos. Ejemplo: el período de Mujica, con dos equipos económicos simultáneos; así fue y si no me cree pregúntele a Astori. La vieja ley de lemas, tan criticada por quienes nunca la entendieron, establece el doble voto simultáneo: al partido y al candidato. No existe candidato sin partido.

Todos los integrantes de este gobierno tienen espíritu de colaboración y articulación entre sí para funcionar armónicamente. Los Ministros partidarios deben tener además un sentido de partido, de pertenencia a algo más grande, algo más convocante frente a la ciudadanía, más sobreviviente en la historia.

Cuando gobierna un partido las grandes decisiones de gobierno, aún en asuntos técnicos, reflejan una visión partidaria. El combate a una epidemia es algo claramente técnico; sin embargo la elección entre un confinamiento obligatorio o una libertad responsable es reflejo de hondas posturas partidarias. La complementación de la libertad responsable con minuciosas medidas de apoyo estatal tales como seguros de paro, postergación de vencimientos tributarios y otra asistencia es también un reflejo partidario. En el primer caso está presente la sombra del viejo Herrera hablando de su partido como “ennoviado desde siempre con la libertad” y en el segundo caso la sombra de Carnelli y Barrios Amorín; despejada la solemnidad, aligerado el gesto, pero con firmeza en lo que cuenta. Gobierna un partido, el Partido Nacional.

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