Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Esa gente

Después de cada elección se inaugura en el país un nuevo gobierno. 

En el caso de las dos elecciones anteriores la novedad no fue tanta pues continuaba en el gobierno el mismo partido; ahora lo que viene será efectivamente nuevo pues nueva es la gente, nuevo el discurso, las edades y las generaciones.

El gobierno que viene tendrá que enfrentar varios desafíos y problemas que afectan al Uruguay; se trata de problemas económicos, de seguridad pública, de educación, inserción internacional y demás situaciones de las que se ha hablado y debatido pública y extensamente durante toda la campaña electoral.

A esos problemas se le suma otro, del cual se habla poco públicamente (y está bien que así sea) pero se tiene muy presente. Me refiero a la anunciada y furibunda disposición a trancar todo, asumida aún antes de que el nuevo gobierno haya hecho nada, de parte de una porción de la dirigencia del Frente Amplio.

Resuena en mi mente lo que una vez leí en una entrevista a David Grossman, un judío de mente libre, dolido por lo que ve en su país: “En Israel es más fácil cambiar de sexo que de postura política. Hay personas que no tienen ninguna flexibilidad” (Entrevista en “Revista de la Universidad de México”).

El Presidente del Frente Amplio no es todo el Frente Amplio pero sí una pieza importante de su cúpula dirigente. El Dr. Javier Miranda se ha referido al nuevo gobierno y a todos los uruguayos que no votamos al Frente Amplio como “esa gente”. Dejó involuntariamente a la vista de todos que a él le resulta irritante e inaceptable que haya sido “esa gente” quien les ganara a ellos las elecciones y los desplazase del gobierno. “Esa gente” que no tiene credenciales ideológicas claras, que no se sabe qué traman (a pesar de que hay un plan de gobierno escrito y firmado). ¿Quién es esa gente, ché? ¿Quién los conoce? ¿De dónde salieron?

El aristocratismo despectivo de Miranda -compartido por otros dirigentes y algunos sindicalistas y politólogos- les impide ver que aquel Uruguay que creyeron suyo y que supusieron conocer e interpretar mejor que nadie, es distinto de lo que ellos piensan. Ese aristocratismo les impide ver cuánto de la derrota electoral la causaron ellos mismos, y no aciertan a explicarse cosas como la merma de cientos de miles de votos en anteriores elecciones y que, en éstas, la mitad de los votos que recibió Cabildo Abierto haya provenido del Frente.

El gobierno que viene se va a encontrar con el negativismo aristocrático de los Mirandas, aquellos que levantando la nariz se refieren a medio país como “esa gente”, y están convencidos que la derrota fue del país porque perdieron ellos.

Pero el gobierno que viene -y el Uruguay que viene- se va a encontrar también con un montón de uruguayos espontáneamente dispuestos a cantar juntos y a viva voz el himno nacional en la Rambla aunque un rato antes, unos y otros, hayan estado repartiendo listas y volantes de colores diferentes: unos del Frente Amplio, otros del Partido Colorado, del Partido Nacional, del Partido Independiente, Cabildo Abierto y Partido de la gente. Con ese Uruguay también se va a encontrar el próximo gobierno y ¡con ese Uruguay se puede contar! No resisto cerrar sin citar a Herrera (La Misión Ponsonby): “La patria de los orientales la trabajaron, la amasaron, sabiéndolo o no -el detalle poco importa- los propios orientales”.

Todos los orientales, naturalmente.

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