Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Fiera venganza

Nada tan grave ha sucedido en los últimos días como los procesamientos de sindicalistas por las estafas perpetradas en ASSE. Los detalles de la fechoría son conocidos y han abundado los comentarios. Dado que estos acontecimientos están muy cercanos en el tiempo con los equivalentes acontecidos en PLUNA y en el plan de viviendas del PIT-CNT haré algunas reflexiones generales que los engloban.

Nada tan grave ha sucedido en los últimos días como los procesamientos de sindicalistas por las estafas perpetradas en ASSE. Los detalles de la fechoría son conocidos y han abundado los comentarios. Dado que estos acontecimientos están muy cercanos en el tiempo con los equivalentes acontecidos en PLUNA y en el plan de viviendas del PIT-CNT haré algunas reflexiones generales que los engloban.

La primera reflexión refiere al Poder Judicial. Dentro de la sofocada amargura que estos hechos produjeron —y digo sofocada porque cualquier estridencia hubiera sido entendible dada la dimensión de los hechos y no la ha habido— resulta un alivio la actuación del Poder Judicial. Los jueces están mostrando independencia. ¡Qué garantía! Se han conducido con independencia del gobierno, que es la primera independencia que del Poder Judicial se espera. Así se han mostrado en los procesamientos de altos jerarcas gubernamentales y en la declaración de insconstitucionalidad de aquellas leyes que efectivamente lo eran.

Pero la justicia también ha mantenido independencia respecto a los poderosos, es decir, a los pesos pesados que hay en la sociedad nacional. A nadie se le oculta que dos pesos muy pesados en el Uruguay de hoy son el Frente Amplio y el PIT-CNT. Con ambos se animó el Poder Judicial sin amilanarse. El PIT-CNT es tan fuerte hoy que intimidó al propio gobierno y se llevó por delante a los senadores del Frente Amplio en el trámite legislativo de la ley de responsabilidad penal empresarial. Ellos se dejaron intimidar: los jueces no.

La otra consideración general que me merecen los acontecimientos mencionados refiere lo vulnerables que terminan siendo los grupos humanos que se creen superiores —por encima del bien y del mal— y, por tanto, no necesitados de tener controles. La cultura de la izquierda contiene un a priori de sospecha hacia los otros y de protección de los propios. Cualquier pedido de informes les incomoda, cualquier intento de crear una comisión investigadora es rechazado como una afrenta.

El Frente Amplio impidió, con sus mayorías, que se creara una investigadora para PLUNA y lo mismo cuando fue pedida para ASSE. Ahora les explotó en la cara: han quedado como encubridores. El Frente Amplio tiene una comisión de ética partidaria que nunca sancionó, ni siquiera llamó, a ninguno de los procesados. Tal práctica revela la teoría subyacente: nosotros meteremos la pata pero nunca la mano en la lata; la comisión de ética es un formalismo. El Frente no ha prestado atención en su gestión de gobierno ni a indicaciones ni a controles desde afuera. A pesar de las sólidas observaciones del Tribunal de Cuentas se sigue adelante con el Antelarena para mayor gloria de Carolina Cosse, aunque sea por fuera de la ley orgánica de ANTEL.

Última reflexión: ¡qué triste final para el ciclo de gobiernos del Frente! Una fuerza política vigorosa que se desgastó en poco tiempo de gestión gubernamental, que no tiene reposición para sus figuras carismáticas, que se ha quedado sin tono muscular, sin iniciativa, sin ganas, sin fe y que ahora entra en su desvaído ocaso en medio de la sordidez de las excusas para la corrupción que le pegotea el plumaje. Y todo ello para desencanto de no pocos uruguayos que, no hace tanto, invirtieron allí su puñadito de ilusiones. ¡Fiera venganza la del tiempo que ….

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