Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

¿Esto cómo sigue?

Paro en UPM y en el puerto. La gente ha quedado preguntándose ¿esto cómo sigue? El país no se encuentra en una situación dramática económica aguda ni nada por el estilo. ¿Es un desafío? ¿Una tanteada? ¿Qué viene después?

Los paros obreros tienen una explicación y una justificación cuando las condiciones laborales son malas o las retribuciones salariales son bajas y cuando se han agotado todas las instancias previas de negociación. No es el caso en UPM2 y mucho menos en el puerto.

Vayamos por partes. La huelga es reconocida y aceptada por nuestro ordenamiento jurídico y está habilitada en la práctica. Pero si el razonamiento de detiene acá y se conforma con eso muchas consecuencias importantes quedarán afuera.

Así como un gobierno, por más legítimo que sea, solo podrá llevar adelante aquellos proyectos para los cuales cuente con apoyo político y respaldo de la opinión pública. Del mismo modo un sindicato o una central sindical, por más encuadre legal que tenga, no puede hacer lo que se le ocurre. Tanto en un caso como en el otro la legitimidad no habilita para hacer cualquier cosa.

El gobierno en un caso, los sindicatos en otro se debilitan o se fortalecen según puedan o no demostrar sin ambages que no exasperan ni agravian un sentido común de la gente. En un régimen democrático no se pueden sostener acciones o propósitos contra la opinión pública mayoritaria. Por más legitimidad que se invoque.

Los sindicatos, sobre todo ciertas dirigencias sindicales de nuestro país, están perdiendo respaldo de opinión pública. Algunos sindicalistas se agravian y se cobijan en una supuesta campaña antisindical. No se analizan: se cubren. Los ejemplos de aberraciones sindicales son casi diarios y van desde la destrucción de las instalaciones de Friopan hasta los abusos de licencias gremiales en la enseñanza.

Un paro como el del puerto no es como el paro en una fábrica; el paro del puerto dañó al país. Un asunto manejado por pocas manos (un puñado de dirigentes portuarios) afectó a mucha gente fuera del puerto. La fila de camiones en la rambla portuaria durante días y noches corridas, con los choferes comiendo y durmiendo en el camión, pone a la vista el daño a cientos de trabajadores y empresas del transporte, que no tienen nada que ver con la situación (y que ganan menos que los del puerto). La solidaridad de clase se ahogó en la sopa: los poderosos dirimen sus pretensiones y los débiles que esperen un poco y se las arreglen mientras tanto.

El respaldo tradicional en Uruguay hacia la actividad y la dirigencia sindical viene menguando hace tiempo; proceso que se expresa en cifras. El último paro general, que la dirigencia del Pit-Cnt prometió como el más grande, solo fue acatado por el 12% de los trabajadores. A pesar de las presiones cada vez vota menos gente en las elecciones sindicales. Hay gremios donde sus autoridades han sido votadas por la mitad de los votantes que, a su vez, son la mitad de los cotizantes. Ejemplos: el sindicato médico y los de la enseñanza.

A la dirigencia política del Frente se la ve buscando ganancia en el arrimarse a la dirigencia del Pit-Cnt: los beneficios que pueda rendir ese connubio son dudosos. En algo gana uno del otro pero también los excesos sindicales generan una “carga ganancial” de desconfianza y sospecha que va a perjudicar a los sectores más equilibrados del Frente (que es por donde el Frente gana o pierde las elecciones).

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