Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Encierro temeroso

Los españoles hablan de derechas y de izquierdas: en plural. Tienen razón. Después del naufragio de la URSS hay muchas izquierdas diferentes, algunas más renovadas, otras más encerradas. El Frente Amplio -que se dice izquierda aunque Asamblea Uruguay y el semanario La Juventud le niegan tal condición- cobija variadas estirpes de izquierdas.

Los españoles hablan de derechas y de izquierdas: en plural. Tienen razón. Después del naufragio de la URSS hay muchas izquierdas diferentes, algunas más renovadas, otras más encerradas. El Frente Amplio -que se dice izquierda aunque Asamblea Uruguay y el semanario La Juventud le niegan tal condición- cobija variadas estirpes de izquierdas.

En el plano de las relaciones internacionales, es decir, de la idea que el Frente Amplio tiene sobre la inserción en el mundo que le conviene al Uruguay, el Frente ha preconizado un aislacionismo pronunciado. No es que lo proclame abiertamente como ideal, pero al no encontrar a nadie a su gusto donde propiciar una integración, va quedando obligado, por defecto, a dejar aislado a nuestro país.

De la simpatía y aproximación a Cuba -gran emblema de otrora- se habla poco estos días en el Frente Amplio porque -escándalo sin parangón- es Obama y el pérfido Estados Unidos quienes han tomado esa bandera. Les va quedando Venezuela, aunque con dificultades notorias porque Maduro ni compra, ni paga, ni regala más nada. Y le queda el PT brasileño, donde el iluso Mujica cifró sus maltrechas esperanzas (justo ahora que sus principales figuras están pasando a fijar domicilio en diferentes establecimientos penitenciarios de ese país).

Sin un ámbito internacional donde encajar, la vieja veta internacionalista de las izquierdas ha desaparecido del Frente Amplio. Ven al mundo como ancho y ajeno, según la acertada y vieja descripción del peruano Ciro Alegría. Las afinidades políticas siguen figurando en los discursos pero son eso: puro discurso. El vigor residual que va quedando se gasta en la creación de burocracias de fantasía, todas con siglas terminadas en “sur”.

Esa actitud replegada, timorata y asustada llevó a que el Frente Amplio corriera a cerrar la puerta a todas las alianzas comerciales posibles y a la insistencia -quejosa pero sostenida- de apostar al tullido Mercosur, desnaturalizado por ellos mismos (pero que auspiciosamente termina en “sur”). Se asustaron del TLC con Estados Unidos (un tren que nos podía pasar por encima). Trancaron las puertas para el TISA antes de saber bien de qué se trataba. No tienen la mínima confianza en sí mismos para negociar y se cuchichean en el oído: nos quieren embromar, ¡cuidado!.

El mundo está caminando aceleradamente hacia una articulación económica y comercial cada vez más extensa y variada y el Frente Amplio empuja para que el Uruguay se quede afuera de todo. El Pit-Cnt aboga por el mercado interno: ignorancia barrial que nos ahogaría más.

Mujica y Almagro se asentaron en la vieja proclamación de la hermandad latinoamericana creyéndose portadores de futuro, pero Chile, Perú y México, sin mirar para atrás, ya se han incorporado al magno tratado del Pacífico porque saben que las posibilidades de crecimiento económico y de desarrollo están en la apertura. En cambio, el sabio rector de la Universidad de la República y la exministra de Educación, María Simon, chillan su miedo de la asociación entre Google y el plan Ceibal: el miedo de ellos dos cundió y el acuerdo no se ha podido hacer hasta ahora.

En la entraña del Frente Amplio vive (y opera) una izquierda albanesa. Los frenteamplistas que conozco dicen: yo no, no soy de esa izquierda. Pero todos duermen en la misma cama.

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