Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Eso no se discute

La campaña electoral que dejamos atrás se caracterizó, entre otras cosas, por la ausencia de debates. Esa especie de ley seca que allí se estableció es reflejo de un lamentable rasgo que ha adquirido la vida política actual. En los hechos hay una cantidad importante de temas, en sí discutibles, que no se discuten. Eso produce notorio empobrecimiento conceptual y a dejar congelados e inmóviles numerosos asuntos. Hay pueblos que se esterilizan en la discusiones permanentes sin concretar nunca nada y otros se desvitalizan por la aversión a discutir y a poner en cuestión.

La campaña electoral que dejamos atrás se caracterizó, entre otras cosas, por la ausencia de debates. Esa especie de ley seca que allí se estableció es reflejo de un lamentable rasgo que ha adquirido la vida política actual. En los hechos hay una cantidad importante de temas, en sí discutibles, que no se discuten. Eso produce notorio empobrecimiento conceptual y a dejar congelados e inmóviles numerosos asuntos. Hay pueblos que se esterilizan en la discusiones permanentes sin concretar nunca nada y otros se desvitalizan por la aversión a discutir y a poner en cuestión.

¿Qué pasa con las empresas del estado? Fue un tema de discusión abierta en el gobierno de Lacalle pero el plebiscito cerró el tema, al parecer, para siempre. Ya nadie discute (ni piensa) por qué ANCAP tiene que seguir produciendo portland cuando hay otras empresas privadas, sin subvención, que lo producen más barato.

Cuando el gobierno de Mujica cerró alevosamente PLUNA nadie se planteó si el estado debería seguir con una línea aérea. Se dió por sentado que sí por aquello de la conectividad. Ahora que PLUNA no vuela ¿estamos muy desconectados? La desconexión es mental, consiste en dogmatizar enunciados, darlos por obvios, no abrir la discusión y abolir la reflexión para que retoce la rutina.

Si hubiese una discusión abierta sobre la autonomía de la enseñanza habría posibilidades de progreso en ese campo. Discutir no es condenar: es poner en cuestión, repasar fundamentos, renovar las ideas sin temor a ponerlas a prueba. En virtud de la autonomía hecha dogma nadie pide cuentas a la Universidad por su magros resultados. ¿Qué fundamento tiene la gratuidad absoluta de los estudios universitarios? ¿Por qué es impronunciable una propuesta de examen de admisión?

La laicidad no se puede discutir y bajo esa pantalla nadie se anima acuestionar los abusos de su adulteración cotidiana. Por suerte el arzobispo Sturla no tuvo miedo y planteó la discusión: ¿por qué quieren enseñar a todos una orientación sexual? Yo no impongo la mía pero peleo y discuto para que no me impongan otra, dijo el prelado.

El derecho de huelga no se discute. Si todos los derechos pueden ser discutidos, revisados y reformulados ¿por qué no se puede ni siquiera discutir su regulación, como es discutida la regulación de todos los derechos?

Vivimos renegando del Mercosur pero no hay ninguna discusión seria sobre alternativas, solo simplezas como que la solución es más y mejor Mercosur, pomposa estupidez que ahoga el debate.
Habría que discutir la reforma del estado; tanto Vázquez como Mujica dijeron que sería la madre de todas las reformas y hasta allí llegaron, Seguimos huérfanos y sin madre: ni ellos ni nadie se ha animado a plantear la discusión en serio.

Somos un país donde no se discute y un país donde no se discute es un país que no piensa, un país sin preguntas, intelectualmente quedado, prendado de dogmatismos, obediente, sin profundizar en nada de lo que rutinariamente sostiene y repite, con miedo de pisar fuera del plato convencional.

Pueblo renuente a poner a prueba las certezas que le legaron (o le vendieron) y que acepta sin chistar y sin querer entender, repitiendo slogans como mantras y acatando, domesticado, los viejos versos de siempre.

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