Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Discusión descarrilada

Me da la impresión -o, por lo menos, creo que haya suficiente base como para que sea planteado como hipótesis- que el Uruguay se ha desplazado internamente y que por eso mismo hay planteada una deliberación de fondo sobre su futuro.

Asimismo me da la impresión de que no hay conciencia de ello. En estos tiempos está a la vista y ocupa mucho espacio político (y produce un barullo desatinado), una discusión mal planteada que tapa aquella otra más profunda. Veamos.

La discusión que está en la superficie, que encrespa la vida política y resuena todos los días en los medios, es entre el gobierno y el Frente Amplio en torno al manejo de la pandemia. El elemento específico de la controversia es el confinamiento.

El contagio del virus Covid19 se da a través del contacto interpersonal. Si las personas mantienen contacto se contagian y si se mantienen aisladas no se contagia nadie. Básicamente la situación es esa y nadie la discute. ¿Por qué hay entonces tanta disputa, tantas acusaciones, malhumores, reproches y tanto lugar para la intervención de los canallas?

La única discrepancia radica en cómo se hace para producir en la sociedad el aislamiento que todos unánimemente consideran necesario. ¿Cerrando compulsivamente todas las ocasiones de contacto social o, por el contrario, adoptando algunos cierres obligatorios (oficinas públicas sin atención al público, clases escolares no presenciales, suspensión temporal de espectáculos públicos, etc.) pero confiando el resto a la colaboración de la gente en términos de lo que desde el gobierno ha dado en llamarse libertad responsable.

Y aquí viene lo interesante: lo que parece una discusión sobre la forma de encarar la amenaza sanitaria - cuánto confinamiento sea óptimo- es, en realidad una discusión nada menos que sobre la libertad. Sobre la libertad y sobre el estado, sobre la derrota electoral del Frente Amplio, sobre el fogonazo de los autoconvocados en Durazno, sobre el individuo en sociedad (sobre el hoy del Uruguay de siempre).

Pero nadie ha captado esto. El Presidente lo reitera; hace memoria de las últimas palabras de su discurso ante la Asamblea General: “Dentro de cinco años podrán evaluar los uruguayos nuestro desempeño. Si al final de período los uruguayos son más libres, habremos hecho bien las cosas, de lo contrario habremos fallado en lo esencial”. En su Partido, el Partido Nacional, nadie retoma el asunto; es como si nadie lo hubiera entendido o no se hubiese percatado de lo que está detrás de esta discusión sobre el confinamiento.

Algo se ha desplazado en la profundidad de las capas tectónicas de esta sociedad pausada y, de algún modo, se relaciona con lo que pasa en la superficie, afectada hoy por el sacudón inesperado de la pandemia. Hay indicios: basta observar.

Lo que es una verdadera lástima es que si nadie se percata (como viene siendo el caso) no va a pasar nada, todo va a quedar en la discusión superficial y equivocada referida a la minucia: si está bien que se abran las escuelas o no y por qué se abrieron los freeshops antes que los teatros o cualquier otro detalle del que se prenden los que buscan golpear al gobierno y los que se afanan por defenderlo. De la libertad no se enteraron; ni los unos ni los otros.

Nuestro país discute acaloradamente lo accesorio y sigue sin plantearse los temas de fondo, los de su larga duración, como diría F. Braudel.

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