Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

¿Qué fue dicho?

El lunes pasado concurrí por la mañana al cementerio del Buceo a homenajear la memoria del Toba.

Ese mismo día, 20 de mayo, tuvo lugar al anochecer la marcha del silencio, como todos los años. Pero no fue como todos los años.

Hace veinticuatro años que tiene lugar esa marcha por los desaparecidos. Con el correr del tiempo esa marcha iba mermando, se había convertido en una perseverancia. Esta vez fue otra cosa sin dejar de ser lo que siempre fue. Dejó de ser el núcleo portador de la pregunta insepulta y pasó a ser, bajo la lluvia y los paraguas, una impresionante expresión popular. La convocatoria de este año había sido formalmente la misma de siempre pero la gente, o bien sintió que había algo más o bien quiso de su parte agregar algo más.

No me atrevo a decir tajantemente fue esto o aquello lo que hizo que la marcha de este año fuera diferente. Pero fue diferente. Había acontecimientos muy cercanos en el tiempo -hechos y comportamientos, actos y olvidos- que, en mi opinión, no se pueden considerar desvinculados o que no hayan tenido nada que ver. Acababa de ser pasado a retiro el Comandante en Jefe del Ejército.

Solo un par de semanas antes de la marcha los tribunales de honor del Ejército recogieron la confesión de Gavazzo describiendo cómo se deshizo del cuerpo de Gomensoro en el lago del Rincón del Bonete, el fallo de esos tribunales diciendo que tal acción no comprometía el honor militar, el traslado del expediente con esa información a la Presidencia de la república, la homologación del fallo del tribunal de honor de parte del Presidente Vázquez, el traslado personal y directo del expediente a Presidencia por parte del Ministro de Defensa, el estallido provocado por el artículo de prensa de Haberkorn revelando lo que se había traspapelado en Presidencia y la posterior reacción consistente en la destitución del Ministro de Defensa ya moribundo y de los Generales que habían integrado los mencionados tribunales de honor. Sobre eso algo quiso decir -casi gritar- la gente que acudió este año a la marcha.

Circulan en privado dos corrientes de interpretación. Ambas explican la marcha -lo que se quiso denunciar, lo que se quiso defender- de forma interesada: no buscan entender sino llevar agua a su molino. No quiero entrar en esa.

Lo que sí me atrevo a afirmar sin ambages es que una multitud como la del lunes pasado, que acude espontáneamente -literalmente autoconvocados- atraída por algo que el 20 de mayo del año pasado no los atrajo, está diciendo cosas muy serias. Ningún partido político, ningún gremio y ninguno de los fanatismos deportivos llevan a una cantidad tal de gente a marchar bajo la lluvia, sin ofrecerles nada más que la oportunidad de caminar juntos y decir algo en silencio.

Creo que hubo algo importante en esa noche del lunes pasado. Hay que escucharlo y tratar de interpretarlo honestamente. Ya vendrán los que quieran poner sus palabras en ese silencio elocuente; a esos hay que dejarlos pasar y que hagan su vil comercio. Pero es menester buscar entender esa reacción de este pueblo uruguayo al que hemos tildado tantas veces de indiferente, insensible y metido para adentro.

Quizás vayamos de a pocos, entre todos, con el concurso de los que honestamente quieren entender, qué es lo que fue dicho en la marcha de este 20 de mayo.

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