Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Día para votar

Hoy es un día en que se me hace particularmente difícil escribir esta nota semanal de los domingos. Las notas periodísticas de análisis deben ser entregadas a la redacción con la necesaria antelación. Eso quiere decir, en buen romance, que yo me he sentado a escribir y he terminado el texto y entregado la nota —esta nota— sin conocer el resultado de la elección.

Hoy es un día en que se me hace particularmente difícil escribir esta nota semanal de los domingos. Las notas periodísticas de análisis deben ser entregadas a la redacción con la necesaria antelación. Eso quiere decir, en buen romance, que yo me he sentado a escribir y he terminado el texto y entregado la nota —esta nota— sin conocer el resultado de la elección.

El episodio más importante de los últimos meses, el que ha acaparado la atención de todos los uruguayos, que se celebra hoy, no puede no ser comentado. Pero tendrá que ser comentado en el vacío de la información que más importa y que todos hemos estado esperando: el resultado electoral.

Este artículo aparece el domingo de mañana, antes que el eventual votante se haya siquiera despertado, seguramente antes de que haya concurrido a votar. Ciertamente antes de que se conozca el resultado de la votación.

¿Qué elementos de interés se pueden desplegar desde esta página de El País que consigan atraer la atención del lector cuando corre el breve tiempo en que todo lo esperamos y aún nada sabemos? Y esta noche, cuando se conozcan los resultados nadie se acordará de ir a leer lo que, en ese momento, ya será el diario de ayer.

Todos tenemos indicios del resultado pero, invariablemente, en todos los casos serán indicios generados por el optimismo, por el entusiasmo, por las ganas de ganar o haber ganado. Si ha sido así, es buena cosa.
El entusiasmo cívico es una señal de salud republicana. La frialdad respecto a las elecciones y al ejercicio del sufragio tiene algo de claudicación, algo de anemia cívica.

Frialdad no es lo mismo que voto anulado o voto en blanco; ni siquiera es lo mismo que abstención. No comparto el abstencionismo como señal meditada y expresa de censura, aunque interpreto que, en algunos casos ha sido así y está lejos de ser demostración de indiferencia o frialdad.
Las elecciones son un acto importantísimo, rito esencial en el sistema democrático y vieja tradición que el uruguayo ha cumplido y cumplirá hoy con gusto y a conciencia. Hay que cuidarla, preservarla del desencanto, de la demagogia y de la banalización.

Cuidar el respeto que debe rodear al acto eleccionario no es solo un deber del gobierno o del estado. Los partidos políticos son los principales guardianes de la seriedad de las formalidades que rodean una elección. Lo que se ha dado en llamar la pureza del sufragio, paradójicamente, puede ser corrompida por los partidos políticos pero está también confiada a sus manos, a su prédica y a su docencia cívica.

Ninguna de las ventajitas que se procure pellizcar —sea de parte del oficialismo tentado a manipular los resortes del poder para incidir, sea de parte de la oposición— habrá de dejar ganancias duraderas.
Hoy se vota en todo el territorio de la República Oriental: los orientales concurren a las urnas. Hay entusiasmo, hay mística, hay esfuerzo desinteresado de muchísimos compatriotas vertidos en la empresa.

No hay partido único ni listas únicas ni proscriptos políticos. Todos estaremos seguros del secreto de nuestro voto sin perjuicio de que lo proclamaremos con euforia. El resultado electoral va a ser ciertamente respetado. ¡Viva el Uruguay republicano! ¡Adelante, hacia el próximo escalón electoral! ¡Hacia noviembre! 

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