Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Despiste general

Esta columna semanal, que hace años lleva mi firma, ha procurado siempre versar sobre asuntos importantes que atañen al país. Sin embargo, en esta el asombro ha dado cuenta de esa orientación general y el tema de hoy será la desconcertante perplejidad que me despierta la confianza que ha sido depositada en el contador Danilo Astori, tanto dentro como fuera del Frente Amplio.

Esta columna semanal, que hace años lleva mi firma, ha procurado siempre versar sobre asuntos importantes que atañen al país. Sin embargo, en esta el asombro ha dado cuenta de esa orientación general y el tema de hoy será la desconcertante perplejidad que me despierta la confianza que ha sido depositada en el contador Danilo Astori, tanto dentro como fuera del Frente Amplio.

Existe un importante sector de la opinión pública no frentista que ha considerado a Astori como una especie de pilar de sensatez que equilibraría (felizmente) los dogmatismos anacrónicos de los sectores marxistas del Frente Amplio y que, asimismo, neutralizaría (más felizmente aún) la caótica borrachera de inconsistencias de José Mujica y sus secuaces. Por otro lado, Tabaré Vázquez le ha entregado la conducción de la economía, descansándose sobre similar presupuesto, es decir, su pericia y preparación profesional para marcar el rumbo económico de sus gobiernos (de este y del anterior).

Lo que es asombroso y motivo de mi perplejidad es que, a la luz de los hechos, no hay ni ha habido nada que justifique dicha confianza ciega. No me he de referir a situaciones pasadas -aquellos años de desenfrenada bonanza importada donde hasta un manco podía hacer prestidigitación- sino a episodios más próximos en el tiempo que han puesto de manifiesto tanto las condiciones de Astori como orientador de la economía como su firmeza de carácter para mantenerse en lo decidido.

Paso por alto las promesas electorales (“no habrá ningún aumento en la carga tributaria”) porque toda la propaganda electoral del Frente Amplio fue eso: propaganda. Agrego, sí, la pasmosa confesión de Astori quien, habiendo estado en la cocina del gobierno anterior, afirmó no estar enterado de nada y haber encontrado todo en peor estado de lo que suponía.

Voy a referirme a la confección del actual presupuesto, fantasía poético-lírica que, a unos meses de propalada, ha debido ser reescrita para la Rendición de Cuentas. El presupuesto es siempre el verdadero plan de cualquier gobierno; en este caso lo que Danilo Astori envió al Parlamento pertenece al género literario de la política-ficción (que es un subgénero menor de la ciencia ficción).

Haber querido dar una nota de seriedad a la industriosa creación de ese mundo de fantasía ha hecho de Astori responsable de un veneno político que intoxica, por un lado, a la opinión pública que se creyó la letra y la música del presupuesto quinquenal presentado por el contador y ahora tiene que enfrentar el desierto y, por otro lado, envenena la interna frenteamplista irritando a la destemplada barra mujiquista -mayoría interna- que lo destrata airadamente y quiere cambiar todo.

Como bien dice el editorial de El País (miércoles 22 de los corrientes): “En el mensaje que acompaña la rendición de cuentas, a la falta de humildad y el pedido de disculpas que correspondería, se le agregan justificaciones y argucias que, si no fueran patéticas, serían risibles”. Lo que efectivamente ronda entre lo patético y lo risible es el mito de Astori, la confianza (quizás hija medrosa de otras amenazas) con que se miraba la competencia y sensatez del discurso político-económico del contador. Tengo la impresión de que los motivos de asombro tendrán aún capítulos por venir.

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