Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

¿Nada para decir?

Se está dando, y se mantiene semana a semana, una situación que genera perplejidad.

Hace más de un mes que tuvo lugar en Durazno un hecho político de importancia y los partidos políticos —me importa sobre todo el caso del Partido Nacional— no han mostrado una reacción acorde; ni siquiera dan muestras de haberse dado cuenta.

El acto de Durazno, casi sin preparación previa, llevó mucha gente de todo el país en pleno mes de enero y con 40 grados, cosa que ningún partido político está actualmente en condiciones de lograr. Solo eso tendría que haber abierto los ojos de los dirigentes políticos. Pero, además, pasados los días, esos dirigentes tendrían que haber llegado a otra pregunta ¿có-mo es que aquello consiguió perdurar? Las primeras páginas de los diarios no han dejado de tener referencias a lo que detonó en Durazno. Por otro lado, nada de lo que hayan hecho o dicho los dirigentes partidarios ha hecho enfurecer tanto al gobierno y al partido de gobierno; ninguna acción o declaración partidaria alcanzó a tener como respuesta una cadena nacional de radio y televisión del poder Ejecutivo, dedicada exclusivamente a defenderse y contraatacar.

Si pasó todo eso —pasó y sigue pasando— quiere decir que Durazno tocó algo sensible para muchos uruguayos: dio en la tecla con algo que realmente le importa a esta sociedad en que vivimos. Despertó apoyos más allá de los previstos y resistencia y broncas de la otra parte mucho más allá de lo imaginable. ¿Y será solo por la situación de los productores agropecuarios? ¡Claro que no! ¿Y todo por una cuestión económica? Por eso y por mucho más.

Durazno planteó un rechazo y una aspiración referidos al tipo de sociedad y al tipo de Estado: lo que tenemos y lo que, según ellos, deberíamos trabajar para conseguir. Ambos asuntos son permanentes y de fondo en la política nacional y la vida de la nación. Justamente por ser más de lo que parecía es que Durazno ha tenido la respuesta que ha tenido (y la oposición que ha tenido).

Durazno se expresó en palabras y también en símbolos: solo banderas nacionales, un solo Uruguay (quiso llamarse así), una sociedad con sentido nacional, unida, reticente a la confrontación que es el elemento en que otras tendencias cifran el progreso social. Durazno se manifestó en orden, rechazando con su ejemplo las prepotencias que son legitimadas con tanta facilidad en los usos sindicales y políticamente a través de la mano de yeso en las mayorías absolutas.

Durazno es una apuesta al trabajo y una crítica a los privilegios, a las burocracias que se autoperpetúan, a los ingresados a dedo al cargo público, nacional o departamental. Es un rechazo al asistencialismo como práctica permanente y como bandera política respetable.

Durazno es un reclamo por otro estado, atento sí a los que pierden rueda pero más atento aún al manejo sobrio de los dineros públicos, más dispuesto a rendir cuentas, más respetuoso de las iniciativas y los emprendimientos privados y de la riqueza que ellos producen, más apegado a la ley que a las ideologías políticas.

En mi opinión Durazno es todo esto, o algo parecido a esto y que se irá aclarando, afirmando y tomando más forma si tiene interlocutores políticos. ¿El Partido Nacional no tiene nada que decir al respecto?

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