Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Consolidar el discurso

En política las palabras son importantes. La política es acción, sí, pero antes es palabra, discurso y relato. Con el cambio de gobierno en el Uruguay se produjo otro cambio. Es un cambio visible: unos lo aplauden, otros lo reprueban pero nadie lo niega. 

Eso que evidentemente ha sucedido todavía no tiene un discurso sazonado; se irá formalizando en el correr del tiempo.

Allá en el verano del 2017 escribí en este mismo lugar: “El esplendor de la era progresista, que llenó el horizonte regional por un tiempo, se vino abajo debilitado por la caída mundial de los precios de las materias primas y corroído localmente por la corrupción (…) Todo esto quiere decir una cosa: se acabó una era. Se ha consumido su prestigio dominante, su autosuficiencia y su poder de seducción. Para el Uruguay eso quiere decir que los tiempos políticos, antes llenos de Frente Amplio, ahora están abiertos: los tiempos están para otra cosa. Esta es la novedad política más importante del momento. La antigua página que contenía el discurso políticamente correcto, el que había que saber y repetir para ser tenido en cuenta, se va borroneando, va quedando ilegible y la página está abierta para asentar otro texto. Hacía años que esto no pasaba. El dirigente con olfato político es aquel que percibe el olor marchito de un tiempo que se agota” (El País 12-II-2017, ¡tres años antes de las elecciones!).

Los tiempos cambiaron con las elecciones del 2019: ahora la página está lista para ser llenada por un nuevo texto, un nuevo discurso, una palabra diferente que pronuncie el nuevo tiempo político que se ha abierto.

Un cambio de gobierno puede ser nada más que un cambio de inquilino provisorio en la torre ejecutiva. Pero este no es el caso ahora en el Uruguay: se está articulando un nuevo discurso, un expresar un nuevo Uruguay y sostenerlo con otro relato, también nuevo.

El azote del coronavirus, tan repentino y tan temprano, ha complicado las cosas; absorbió toda la atención y postergó para después los planes y los proyectos anunciados y comprometidos en la campaña electoral. No obstante ello ha dado lugar a primeras afirmaciones, a una primera letra del Uruguay de hoy, distinto del de ayer. La libertad responsable es la primera; no se limita a la pandemia, es un compromiso y es un enunciado político para todo el tiro.

El Frente Amplio generó un relato y, al final, solo el relato sostenía a un Frente Amplio anémico y crepuscular. (Es lo que pasa en Montevideo: un relato todavía poderoso sostiene una gestión insostenible).

El Uruguay -una parte importante de él- ha abandonado aquel relato frentista y encuentra espacio para otro; hay que llenar ese espacio con otro relato. Un relato es una forma de condensar en palabras un proyecto de gobierno o un concepto de país: es una forma de hacer inteligible lo que se aspira que sea el Uruguay diferente que ahora empieza.

La realización será necesariamente pausada: lo nuevo en el Uruguay no se crea (ni se acepta) de golpe y a toda velocidad. Pero la expresión, la puesta en palabra, la creación de un discurso, la adopción de un estilo (que también es un discurso), todo eso puede ser mucho más rápido. El Uruguay -una parte importante- se soltó del discurso (letra) frentista, se desencantó. Hay que ofrecerle otra letra o ayudarlo a interpretar la nueva letra que expresa y “dice” el tiempo que se inauguró en octubre del año pasado.

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