Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Carlos Julio

El día domingo, después de una cruel enfermedad y de una larga vida, falleció el Senador Carlos Julio Pereyra. Algunos le llamaban profesor; la mayoría le decíamos Carlos Julio.

Fue un hombre de Rocha. Del Movimiento Nacional de Rocha, sí. Pero fue un hombre del departamento de Rocha, de la campaña de Rocha, de la escuela y del liceo departamental de Rocha. En Rocha se educó, en Rocha se casó y allí descansan ahora sus restos.

Quien crea que su visión política era por eso reducida o provinciana, se equivoca de media o medio. Se dice -y con razón- que para entender al mundo hay que haber sido capaz primero de conocer la propia comarca. De entender y de quererla, agrego yo.

Carlos Julio siempre tuvo un rumbo claro sobre lo que era el Uruguay y lo que debía ser. Y demostró con creces haber tenido también muy claro lo que el Uruguay no podía ni debía ser, nunca y por ningún motivo.

Fue legislador durante muchos años y varias legislaturas, pero lo que yo valoro sobremanera de su trayectoria no fueron sus años de legislador sino cuando fue lo que fue, sin ser nada, sin tener cargo alguno, en los tiempos en que el Poder Legislativo estuvo suspendido y el Palacio Legislativo estaba ocupado por intrusos.

Carlos Julio se dio cuenta en ese tiempo que él -y otros como él, es justo reconocerlo- había quedado como depositario de una confianza aún mayor que la de los tiempos en que era votado.

No le quito mérito a su trabajo como legislador aplicado y como dirigente responsable de su sector político, pero nadie me quita de la cabeza que su mayor contribución a la Patria y su merecido lugar en la historia partidaria proviene de los tiempos en que formalmente no era nada de eso porque se lo impedían.

Quienes lo conocieron por más años que yo tendrán otros recuerdos más minuciosos que los míos. Yo lo conocí en el descampado de la proscripción política, donde los galones se ganaban en la batalla, donde no había honores sino riesgos y donde a unos cuantos -él uno de ellos junto a Heber y Lacalle- la muerte los estuvo acechando a la vuelta de la esquina.

El Partido Nacional es un Partido con memoria, un Partido de veneración de los viejos servidores, un Partido que se vuelve a encantar en cada rueda de fogón o en cada charla de amigos cuando repasan viejas batallas y se recuerda a los viejos luchadores. Un Partido que se retempla en sus recuerdos para no quedarse quieto -nunca- sino para pedir rienda. Un Partido que cuando entierra a uno de sus caudillos sabe que está encendiendo esperanzas. ¡Viva Carlos Julio!

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados