Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Cara de hereje

El actual gobierno mantiene viejas incongruencias y nuevas contradicciones: tiene un discurso antiextranjero y una política económica proclive a la inversión extranjera. El Frente Amplio forzó en el Parlamento una ley prohibiendo la titular

idad de la tierra por sociedades anónimas. Hecho esto alguien les advirtió ¿y las forestales?, y tuvieron que abrirse a las excepciones. Las excepciones fueron a empresas extranjeras y esa ley —que no atiende necesidad real alguna ni trae beneficio para nadie— terminó complicándole la vida solo a uruguayos.

La necesidad, según el refrán, tiene cara de hereje. Vázquez ha depositado en la inversión de la nueva planta de UPM sus últimas esperanzas de poder mostrar algo en este período de gobierno. Las concesiones que se le han ofrecido a esa empresa no las tiene ningún empresario, uruguayo o no, sujeto a las normas generales de la política económica impuestas por este gobierno (y los dos anteriores). Es un contrato del tipo que firmaban las potencias coloniales con sus territorios de ultramar.

El Partido Nacional ha manifestado sus reparos, no obstante la enorme suma de la inversión prometida. ¿Dos, tres, cuatro mil millones?... los ceros revolotean al compás de la necesidad (económica y política). Es en alta y clara voz que hay que decir que está mal tanta confianza depositada en una sola inversión extranjera y está muy mal crear para ella un paraíso fiscal propio (después de tanta perorata frentista contra los paraísos fiscales).

El Partido Nacional quiere para el país una economía equilibrada, sin gigantes tan enormes, cuya importancia termina saltando de lo económico a lo político, a imponer condiciones y asegurar políticas a fuerza de puro tamaño. El Partido sostiene que es mejor para el Uruguay pensar en políticas económicas encaminadas a que sobrevivan bien los chicos antes que a privilegiar a los grandes.

Estos gobiernos del Frente Amplio han maltratado al empresario nacional postergándolo en beneficio del inversor extranjero y apretándolo bajo la prepotencia consentida de un poder sindical abusivo. Los salarios se han elevado por encima del crecimiento de la productividad. El gasto público (que es como decir el empleo público, las empresas públicas, el asistencialismo público y el clientelismo) no tienen hoy otro sostén que la carga impositiva (y el endeudamiento, público y privado).

El ciudadano común reacciona a las promesas y discursos de política económica según la relación que alcance a percibir entre las decisiones del gobierno y las condiciones de su bolsillo privado. La función de los dirigentes políticos es hacer ver el tipo de dependencia que existe entre lo uno y lo otro. Se trata de desenmascarar los discursos mentirosos y mostrar a quiénes privilegia y a quiénes posterga esta política económica del Frente Amplio, con quiénes está comprometido y con quiénes no, quiénes son sus aliados y quiénes sus víctimas.

Y para un Partido como el Partido Nacional que, teniendo mucha historia por circunstancias obvias tiene hoy también mucho futuro, es una obligación estratégica empezar a dibujar su visión del mañana. Será apuntando a defender la empresa y la inversión nacional a la par que la extranjera. Queremos crear en el Uruguay condiciones parejas para todos para invertir y trabajar (y ganar plata). Estamos contra el doble discurso, lo que anunciamos será como se enuncia.

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