Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Un camino hacia lo nuevo

El tiempo fluye, la historia se va modificando, todos los años tienen trescientos sesenta y cinco días pero cada año es diferente.

Los actores políticos exitosos son aquellos que interpretan acertadamente los cambios que se incuban en la monotonía del almanaque. El tiempo que actualmente vive el Uruguay es el tiempo de un ocaso, el ocaso del Frente Amplio que supo ocupar todo el horizonte; eso deja un futuro abierto para construir otra cosa, situación que no se dio en 2014 ni en 2009.

Lo que viene no debería ser imaginado (o propuesto) como un período antifrentista, el tiempo para el desmonte del frentismo. Hay que tomar en cuenta dos realidades: primero, el Frente Amplio no es homogéneo y así como es ahora, con toda su heterogeneidad o mezcolanza, sigue siendo el partido político más numeroso. Segundo: hay que distinguir el Frente de los gobiernos frentistas; estos últimos han sido particularmente malos.

En este panorama y sobre estas coordenadas es posible especular sobre lo que pueda venir, atendiendo a las palabras y las propuestas de quien aparece como el más probable titular de un gobierno posfrentista, el Dr. Luis Lacalle Pou. En lo político él viene proponiendo y sentando las bases para un gobierno de coalición. Eso responde, primero, a una convicción personal (sustentada en una tradición partidaria) y, segundo, a una correcta lectura de la necesidad de un país fracturado y dividido.

El cambio político más profundo que en esta coyuntura se abre como posible para el Uruguay y al cual convoca Luis Lacalle es la sustitución por un gobierno de coalición del estilo de gobierno imperial y exclusivista que ha llevado adelante el Frente Amplio. No disminuye en nada la fuerza de este compromiso (gobierno de coalición) el hecho que la aritmética electoral solo permitirá un gobierno de esa condición.

Los gobiernos pasados, este y el anterior, no fueron malos por ser muy de izquierda o muy frentistas sino porque se emborracharon con las mayorías absolutas. Esto los llevó no solo a despreciar al adversario (el otro medio país) sino a despreciar el estudio serio de los temas, ya que se sabían dueños de los votos necesarios para aprobar cualquier ley y favoritos ante una opinión pública subyugada que les perdonó cualquier cosa.

El cambio más importante ante cuya puerta de entrada se encuentra el Uruguay hoy es el de la recuperación de la tradición política de la Paz de Abril, cuya filosofía de la inclusión del adversario y coparticipación fue el basamento sobre el que se construyó políticamente nuestro país. El Frente Amplio, en su deriva desde sus orígenes hasta el presente, perdió de vista (o perdió el respeto) a un rasgo esencial de lo que es ser uruguayo; ciertos componentes ideológicos de su abanico político que han primado sobre otros lo han arrastrado en ese proceso de miopía, impidiéndole percibir que el Uruguay fue la obra de dirigentes antiexclusivistas, constructores de la participación política como base de la convivencia.

Más allá de todos los problemas concretos que enfrenta hoy nuestro país -económicos, sociales, de seguridad, aislamiento internacional, etc.- el más grave es el de la descomposición nacional. La insistencia de Lacalle Pou en un gobierno de coalición no es solo el reencuentro con las bases políticas del Uruguay sino que es plantear la primera y fundamental respuesta a los males que afligen a la República. Coalición que quiere decir: solo queda afuera aquel que directamente no quiere entrar. 

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