Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

BRICS

Brasil es un país acogedor. Convoca. Después de haber recibido el jolgorio del mundial de football Brasil prolonga su atractivo. Tuvo lugar allí la reunión de los BRICS que, como su nombre lo indica, son cinco: Brasil Rusia, India, China (y se le agregó Sudáfrica sólo para armonizar la sigla, porque económicamente no juega en esa liga). Después vino —y se superpuso— la reunión del CELAC y para rematar la UNASUR.

Brasil es un país acogedor. Convoca. Después de haber recibido el jolgorio del mundial de football Brasil prolonga su atractivo. Tuvo lugar allí la reunión de los BRICS que, como su nombre lo indica, son cinco: Brasil Rusia, India, China (y se le agregó Sudáfrica sólo para armonizar la sigla, porque económicamente no juega en esa liga). Después vino —y se superpuso— la reunión del CELAC y para rematar la UNASUR.

Por lo menos la reunión de los BRICS —que no se sabe por qué empezó en Fortaleza y terminó en Brasilia (donde cayó Mujica para amenizar las cosas)— fue la única que tuvo algún resultado concreto. Decidieron crear entre los cinco, con aportes de capital proporcionales, un Banco de Desarrollo. También fundaron un mecanismo contingente de reservas. La idea es tener un banco propio como fondo de crédito para obras de infraestructura para los socios, sin tener que recurrir a los organismos tradicionales existentes, que son el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, lugares donde mandan otros.

Como el sacrificado lector habrá de recordar la Venezuela de Chaves había propuesto y formalizado algo parecido y por los mismos motivos. Uruguay forma parte de ese banco chavista, por lo menos en el papel. No sé si ya arrimó efectivamente su aporte ni si obtuvo dinero alguno para obra pública. (Como este gobierno no ha hecho ninguna obra pública colijo que no hemos tenido trato con dicho banco).

La idea —más bien, la retórica— detrás de la creación de este banco de los BRICS es independizarse del FMI y del Banco Mundial que se mueven bajo la lógica de Bretton Woods. Putin aprovechó la ocasión para robar cámara (antes que llegara Maduro) y decir pestes del sistema financiero mundial y de los Estados Unidos. A Putin lo tienen financieramente en cuarentena desde que se deglutió a Crimea y contribuye empeñosamente con el caos propio de Ucrania.

Dilma aplaudió la retórica de Putin, dijo ”eu também”, pero al día siguiente aclaró que Brasil no se iba nada, ni del FMI ni del Banco Mundial.
A primera vista surgen dos interrogantes de lo resuelto en Fortaleza-Brasilia. Por un lado parece superfluo abrir otro banco de desarrollo: dinero en abundancia y a intereses bajos es lo que sobra en el mundo. Sobra crédito. Brasil –lo mismo que el pequeño Uruguay- ya cancelaron sus deudas con el FMI, no debe nada; es acreedor.

Por otro lado todo tiene demasiadas reminiscencias de otros tiempos y situaciones, épocas pasadas en que Dilma salía de noche a pintar paredes con leyendas de: ”fora o FMI”. En resumen: es cosa de otra época. Ahora la plata grande, la que se vertió a raudales sobre Grecia, Irlanda, España y la del rescate más caro de todos, el de Estados Unidos, esa plata estaba en otro lado, salió de otro lado, todos sabemos de donde.

Los BRICS hasta ahora eran un adorno en la solapa, una sigla coqueta y poco más. Parece atinado que empiecen a institucionalizarse. Ahí es cuando sobreviene la hora de la verdad. Según informa la Folha de sao Paulo, India planteó que la sede fuera en Nueva Dehli; Brasil dijo que la primera presidencia les correspondería a ellos. Terminadas las sesiones quedó claro que la sede estará en Shangai y la primera presidencia la ejercerá de China. Como dijo no sé quien: follow the money. Hay que seguir al dinero. China aportará el 42% del capital comprometido y entonces…

Al dinero lo dejaron suelto y ahora desde varios lugares están tratando de parar rodeo. Ojalá que alguno lo consiga.

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