Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Fin de año

Pasado mañana es el año que viene. En este fin de año nadie se fija en el año pasado: todo el Uruguay está pendiente del año que empieza.

El año que comienza mañana es un año de incertidumbres. Estamos seguros que va a haber elecciones. Pero seguros como estamos de que habrá elecciones, eso mismo, en esta ocasión abre un campo de incertidumbre.

Las elecciones, en sí mismas, no pueden ser motivo de inquietud; todos los uruguayos sabemos en qué fecha tocan, cómo se preparan y cómo se viven. A pesar de eso las elecciones programadas para el año que comienza cargan incógnitas inusitadas. Aunque el pronóstico de los resultados electorales sea más un motivo de apuestas que de certidumbres, la inquietud de ese no saber está supeditada a otras incógnitas y a otras preguntas.

Por un lado este pequeño país, tradicionalmente acostumbrado a tranquilizarse en la convicción de estar al resguardo de las tempestades del mundo, está perdiendo esa seguridad. En el Brasil, tan cercano en el Chuy pero del cual ignoramos casi todo, la incertidumbre se nos ha hecho más presente con Bolsonaro. Parece que a partir de mañana habrá un nuevo Brasil y las izquierdas de acá han confeccionado desde allá un discurso aterrador para tapar sus propios errores, muy parecidos por cierto a los errores que causaron el drástico cambio en Brasil; pasó allá ¿no nos pasará también acá? En Argentina todo está en suspenso porque también habrá elecciones.

Por otra parte el mundo lejano, el que es rico, nos compra lo que producimos y matriza nuestros gustos, modas y sueños, también está en un vaivén de incertidumbres. Putin no es de confianza, Trump está medio loco, China es impredecible, Merkel que daba tantas seguridades se está yendo, los ingleses siguen enredados en el Brexit, Italia ha dejado de tener partidos y gobiernos serios hace un tiempo y España está por quedarse sin Cataluña… Los que tienen mucho se preguntan dónde vamos a poner ahora con seguridad nuestra plata y los que tienen poco se angustian por sus haberes de retiro para el incierto mañana. Si uno va a hacer caso a los izquierdistas más locuaces estamos ante una visible crisis del capitalismo. (Poca confianza inspiran quienes no se ponen de acuerdo en los motivos por qué se cayeron ellos junto con el muro de Berlín).

En nuestro país van a tener lugar elecciones a lo largo del año; eso mismo hace que todo quede en suspenso mientras la gente cavila cómo habrán de ser las cosas después. Mientras tanto el gobierno, hace rato sin combustible, no se preocupa por cuidar un futuro que intuye ya no será más de él.

Algo de este desconcierto tiene una peligrosa relación con la indiferencia cuando las preguntas referidas al futuro del país quedan desvinculadas del sentido de responsabilidad. El futuro será como los uruguayos quieran que sea o toleren que sea. Mucha cosa está fuera del alcance de un país pequeño y lejano, es cierto, pero también mucha cosa de lo que ha pasado es resultado de acciones y omisiones de los uruguayos y de lo que va a venir también.

Unos cuantos uruguayos de estos tiempos de incertidumbre buscarán, como otras veces, certeza y seguridad en las promesas electorales de los candidatos. Para estas elecciones que nos esperan no deberíamos fijarnos en el candidato que promete sino en el candidato que convoca (que nos convoca). Las promesas generan (o se dirigen) a ciudadanos pasivos, La convocatoria, en cambio, va hacia los ciudadanos dispuestos a poner algo de su parte para empujar adelante el destino común.

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