Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Aquellos abrazos

Los uruguayos asistimos perplejos y azorados a los informativos de cada noche que nos muestran los desfalcos y estafas que los gobernantes de Brasil y Argentina perpetraron y ocultaron durante su gestión. Las cifras son de millones y millones, los personajes de lo más encumbrados.

Los uruguayos asistimos perplejos y azorados a los informativos de cada noche que nos muestran los desfalcos y estafas que los gobernantes de Brasil y Argentina perpetraron y ocultaron durante su gestión. Las cifras son de millones y millones, los personajes de lo más encumbrados.

Brasil y Argentina están muy cerca nuestro. ¿Cómo repercutirá todo eso en nuestro país? Buena pregunta, porque Brasil y Argentina no solo están cerca geográficamente sino que también lo están por vía del Frente Amplio. Nuestros gobernantes actuales se esforzaron en integrar la hermandad de gobernantes de izquierda progresis- ta (¿bolivariana?) del continente. Hablan el mismo lenguaje, tienen los mismos ídolos y se declaran víctimas de los mismos enemigos (el capitalismo, Estados Unidos, la prensa independiente) y protectores de los mismos sectores sociales. La proximidad que declaran no es geográfica, es nueva, inédita, propia de una nueva era y no refiere tanto a los pueblos (que son bastante heterogéneos) si-no a sus presidentes y a las mayorías: frentistas, kirchneristas y del P T.

Nuestros gobernantes agasajaron a los Kirchner, los nombraron ciudadanos ilustres de Montevideo, les agradecieron su colaboración electoral con el llamado voto Buquebus y festejaron juntos. Hablaron (todavía hablan) a favor de Chávez y Maduro que no nos pagan las exportaciones que les hemos hecho. Cometieron la histórica inmoralidad de suspender al Paraguay del Mercosur para meter a Venezuela justificando que lo político está por encima de lo jurídico. Lo político era, se está sabiendo estos días, financiar campañas electorales y recompensar a sus afiliados con los dineros ordeñados de las empresas del estado.

Ahora que se va destapando la maloliente porquería del PT. en Brasil y del kirchnerismo en la Argentina, aquellos piropos que intercambiaban con nuestros gobernantes, aquellos ruidosos palmoteos progresistas empiezan a incomodar. Los prohombres del Frente Amplio, sintiendo el vigoroso respaldo electoral, se pensaron tan importantes como ellos y tan libres para disponer de la hacienda pública en beneficio de la noble causa del pueblo (personalizada en ellos, naturalmente). Nuestros gobernantes creyeron que se sumaban a la pléyade popular que iba a transformar a la región. ¿Y ahora? Porque, además, es imposible impedir que el uruguayo medio no vea paralelismos y semejanzas entre las noticias del exterior y las noticias domésticas. Los famosos de allá están desfilando por los juzgados y los de acá hicieron mucho por acercarse a ellos, hablar el mismo lenguaje y parecerse.

En Brasil y en Argentina, al desgarrarse la cortina que esos gobiernos mayoritarios mantenían cerrada, ha empezado a verse lo que había detrás: cuánta corrupción y cuánto poder para bloquear las investigaciones parlamentarias. El expresidente Lula, acosado, ha considerado barato desestimar la sospecha, acepta integrar el gabinete ministerial para comprar un tratamiento judicial privilegiado y va a jurar como ministro. Algunos frenteamplistas, todavía mareados de la vieja borrachera, han redactado un manifiesto en su defensa. La declaración del Frente Amplio en apoyo del tambaleante Sendic estuvo en la misma línea del atraso en despertar; los que se van despertando ahora dicen que no estuvieron de acuerdo. Antes que ellos ya ha despertado la gente. ¡Cuánto deben pesar ahora sobre la dirigencia frenteamplista aquellos abrazos de otrora!

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