Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Más de lo mismo

El domingo pasado escribí sobre la oferta electoral y la condición a mi juicio indispensable para que ella sea verdaderamente provechosa.

El Uruguay es un país dividido y, por lo tanto, cualquier plan de gobierno o propuesta electoral debe estar, antes que nada, atenta a la división nacional. Dicho con las palabras del domingo pasado: el compromiso primero es construir nación.

Construir nación es formular todas las propuestas electorales en un lenguaje apropiado (que yo llamaría inclusivo, si no temiese el ridículo de la compañía con quienes hoy le dan a esa expresión otros usos). Cualquier propuesta electoral para un país dividido tiene que contribuir a la formación de un universo simbólico de unidad.

Asistí en Kibon, como muchos otros, a la exposición programática de Lacalle Pou. No conozco, ni siquiera por referencias, sobre qué presupuestos estratégicos haya sido concebido ese discurso. Voy a referirme a lo que escuché y atañe al asunto que vengo desarrollando. El núcleo del discurso fueron los cinco capítulos que todos conocen; pero oí algo más. Oí duras críticas a Vázquez y duras críticas al gobierno. No oí ningún ataque ni mención al Frente Amplio.

Este gobierno se está acabando; por anemia propia y porque se le fue el tiempo. Lo mismo corre para Vázquez. Lacalle Pou no va a competir con ellos en la próxima elección y sí lo hará con el Frente. ¿Entonces?

El político con visión elige el terreno de la contienda en función de objetivos que trascienden lo electoral. Los daños y desastres descargados recientemente sobre el Uruguay son obra de este gobierno que pasa. El Frente queda: el Frente es un actor político fijo. Es el adversario político del Partido Nacional, no solo para noviembre sino permanente: es un adversario que está dentro del sistema político uruguayo, forma parte de ese sistema. No ayuda a los efectos de construir nación manejarse con un discurso de excomunión. El Frente Amplio es el adversa- rio electoral para el Partido Nacional: lo que los blancos nos proponemos es ganarle en el favor y el aprecio de los uruguayos.

Dentro del Frente Amplio hay dirigentes y grupos que consideran a todos los otros partidos como patologías que hay que liquidar. También dentro de los partidos hoy desafiantes existen reductos o rincones que consideran al Frente como un absceso, no solo incómodo sino que debe ser extirpado del sistema. En política la palabra produce efecto: construye o destruye. Si se implanta un discurso que describe y trata al adversario como enemigo (no de su partido sino del sistema) ese discurso termina produciendo lo que pronuncia, termina arrinconando al otro y empujándolo a que se convierta en eso que se le endilga.

Sobre estos asuntos escribí en enero: “La más delicada tarea que habrá de enfrentar el próximo gobierno es diseñar una convivencia civilizada para un país fracturado. Es delicado porque habrá de manejar simultáneamente un discurso sin compromisos sobre los desastres cometidos por los últimos gobiernos y, a la vez, con lenguaje y propuestas que no dejen afuera al Frente Amplio (porque no se puede dejar afuera a un tercio del país)”. Un país fracturado obliga a los dirigentes políticos a pensar en los estilos, enfoques, palabras y estrategias adecuados para no mineralizar distancias y poder abocarse de lleno a la necesaria tarea de construir país.

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