Jorge Grünberg
Jorge Grünberg

La reforma educativa

Por muy buenas razones la sociedad uruguaya considera el mal funcionamiento del sistema educativo como uno de sus principales problemas. Mejorar nuestro sistema educativo es indispensable ya que vivimos en una sociedad global de conocimiento en la cual es necesario que los ciudadanos tengan cada vez más y mejores conocimientos. La mejora educativa es éticamente imperativa y económicamente indispensable. Como consecuencia de esta inquietud social, los líderes políticos han incluido a la educación como uno de los temas centrales de sus debates. La admisión generalizada de que existe el problema y la alta prioridad otorgada a su solución es un signo positivo. Sin embargo, la magnitud del problema requiere una unidad de propósito sobre los cambios necesarios para resolverlo que hoy no existe.

Por muy buenas razones la sociedad uruguaya considera el mal funcionamiento del sistema educativo como uno de sus principales problemas. Mejorar nuestro sistema educativo es indispensable ya que vivimos en una sociedad global de conocimiento en la cual es necesario que los ciudadanos tengan cada vez más y mejores conocimientos. La mejora educativa es éticamente imperativa y económicamente indispensable. Como consecuencia de esta inquietud social, los líderes políticos han incluido a la educación como uno de los temas centrales de sus debates. La admisión generalizada de que existe el problema y la alta prioridad otorgada a su solución es un signo positivo. Sin embargo, la magnitud del problema requiere una unidad de propósito sobre los cambios necesarios para resolverlo que hoy no existe.

Parte del problema es que el debate educativo no se focaliza en los aspectos esenciales para los alumnos y la sociedad. En el siglo XXI no alcanza con asegurar la inclusión de los alumnos (que los alumnos ingresen al liceo o a la universidad). Lo importante es que se gradúen (que culminen bachillerato o sus carreras universitarias). Y aún más importante es que logren un aprendizaje efectivo. Históricamente nuestro país se ha concentrado en la inclusión pero las tasas de graduación de bachillerato están estancadas y los aprendizajes efectivos según muestran las pruebas internacionales se han deteriorado.

De hecho, la raíz de muchos de nuestros actuales problemas educativos está en que el sistema de educación secundaria (también el universitario) fue diseñado para preparar a elites minoritarias para la formación profesional. Hace algunos años comenzó la masificación del ingreso a secundaria pero el sistema no fue rediseñado para adaptarse a los cambios que le esperaban. La cantidad de alumnos aumentó en un orden de magnitud en poco tiempo así como su diversidad sociocultural. Sin embargo, los planes de estudio, la formación docente y la organización de los liceos solo cambiaron de forma marginal. El resultado es que nuestro sistema educativo público no logra compensar las diferencias socioculturales de los alumnos y por lo tanto los alumnos con mayores carencias sociales, educativas y culturales tienen menos posibilidades de culminar sus estudios.

Las estrategias para mejorar nuestro sistema educativo son claras del punto de vista técnico. En la última década la investigación internacional muestra resultados consistentes a través de muy distintas culturas sobre los mecanismos necesarios para asegurar altos niveles de inclusión, graduación y aprendizaje.

La formación docente y los planes de estudio deben reflejar el hecho que la vida media de muchos conocimientos científicos es menor que el tiempo entre que el alumno se gradúa e ingresa al mercado de trabajo o a estudios superiores. Esto hace que la profesión docente debería estar apoyada en un sistema permanente de actualización profesional e investigación propia y que los planes de estudio deberían centrarse mucho más en enseñar métodos para aprender, evaluar y aplicar conocimientos que en memorizar contenidos estáticos y aplicarlos en ejercicios artificiales.

La reforma educativa es también viable desde el punto de vista económico. La investigación internacional muestra que con los mecanismos de gestión adecuados se pueden conseguir excelentes resultados educativos con inversiones que están a nuestro alcance. En resumen, la mejora de nuestro sistema educativo es técnicamente posible y económicamente viable pero se ha mostrado políticamente imposible.

La imposibilidad política de mejorar el sistema tiene distintas causas. Una de ellas es que los beneficiarios de cualquier reforma son muchos pero no tienen voz. Sin embargo las corporaciones que se pueden oponer tienen alto grado de organización e incidencia en los decisores. Otra causa es que la educación no está siendo discutida como una política de estado sino como un juego de suma cero en la cual ningún partido puede aceptar la propuesta de otro porque iría en detrimento de su capital electoral. Los países que han sido exitosos en mejorar su sistema educativo no tratan a la educación como un tema partidario sino como un propósito nacional.

El sistema político debería cambiar el paradigma de discusión. El liderazgo político no debería concentrarse en cantidades de dinero y de días de clase o en las atribuciones de los directores. Debe hacer aquello para lo que es insustituible y es definir mecanismos de responsabilidad política e institucional que hoy no existen. El liderazgo político debe introducir cambios que lleven a que las instituciones especializadas se hagan responsables por resultados de graduación y de aprendizaje. Debe definir obligaciones legales de informar regularmente a la ciudadanía sobre el cumplimiento de esas obligaciones y crear un marco legal por el cual los ciudadanos puedan exigir si es necesario judicialmente sus derechos a tener oportunidades equitativas de asistir a clase, graduarse y aprender. En último análisis, la reforma política fundamental consiste en crear un equilibrio políticamente sostenible y legalmente exigible entre la autonomía y la rendición de cuentas.

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