Jorge Grünberg
Jorge Grünberg

Momento de decisión

Las grandes chances de progreso que tenemos en los próximos años no son las próximas elecciones, el reordenamiento político en Brasil o los cambios en la demanda de China por nuestros productos primarios.

Las grandes chances de progreso que tenemos en los próximos años no son las próximas elecciones, el reordenamiento político en Brasil o los cambios en la demanda de China por nuestros productos primarios.

Todos estos son asuntos importantes pero que no pueden modificar sosteniblemente nuestra capacidad de desarrollo (como pudimos comprobar en la última década). Nuestra mayor chance de progreso en los próximos años es la maduración de la generación que comenzó a formarse con el Plan Ceibal. Son decenas de miles de jóvenes que en la última década tuvieron acceso al conocimiento global y a métodos de enseñanza alternativos, y que ingresará en los próximos años a las universidades y al mercado laboral. Nuestra expectativa es que esta nueva generación de “nativos digitales” sea más abierta al mundo, más receptiva a los cambios y más emprendedora. Pero esos rasgos modernizadores solo podrán germinar en un terreno fértil. Estamos invirtiendo importantes recursos en preparar a una nueva generación de uruguayos para una sociedad moderna y debemos asegurarnos de que la encuentren.

El desarrollo en el siglo XXI requiere una cultura emprendedora, un entorno político y social que promueva la libertad para experimentar innovaciones y un sistema educativo que prepare para un futuro en donde las destrezas y los conocimientos necesarios serán diferentes a los del pasado. Nuestra cultura es poco emprendedora. Después de décadas de jerarquizar el empleo (en especial el empleo público) y el ejercicio de algunas profesiones liberales, resulta difícil promover una cultura de riesgo, iniciativa y emprendimiento. Aún más difícil es promover la aceptación del ocasional fracaso que es inherente a toda actividad innovadora.

La actitud de nuestra sociedad frente a algunos cambios tecnológicos globales que con algunos años de retraso están llegando a nuestro país, ilustra nuestra ambivalencia hacia la modernidad. Por ejemplo, los casos de Netflix o de Uber son ilustrativos. Estos casos no interesan por las empresas en sí mismas sino porque representan cambios de paradigma. Lo importante no es cómo reaccionamos frente a cada nueva empresa que llega a Uruguay. Lo trascendente es cómo reaccionamos frente a los cambios que algunas empresas introducen, que pueden alteran tradiciones o privilegios históricos.

Netflix es una empresa que ofrece películas on-line que puede ser una amenaza comercial para algunas empresas uruguayas de televisión por abonados y éstas tienen todo el derecho de exigir tratamiento equitativo. Pero desde el punto de vista de un interés más general, Netflix puede ser una fuente de oportunidades. Por ejemplo podríamos tratar de interesar a Netflix en instalar un centro de gestión regional en nuestro país, generando puestos de trabajos gerenciales. O podríamos proponerle que nos incluya en sus cadenas de producción de contenidos audiovisuales originales. Esto generaría oportunidades para nuestros excelentes técnicos y artistas audiovisuales. Aún más importante, Netflix puede ser una oportunidad para que la producción audiovisual de países como el nuestro pueda ser conocida y comercializada globalmente. Pero hasta ahora la única reacción del establishment uruguayo frente a Netflix ha sido buscar formas de imponerle impuestos. Una sociedad que frente a las innovaciones percibe solo oportunidades es imprudente, quizás hasta irresponsable. Pero si percibe solo amenazas actúa como una sociedad conservadora.

Uber es otro ejemplo. Esta empresa permite que las personas puedan encontrar rápidamente transporte urbano conectando pasajeros con conductores. Los pasajeros reciben información previa sobre el conductor y viceversa, y no se paga en efectivo, por lo cual el servicio es tan o más seguro que los tradicionales. Uber puede ser una amenaza comercial para algunas empresas de transporte uruguayas y estas empresas tienen derecho a ser tratadas equitativamente con los nuevos competidores. Pero al igual que en el caso anterior, una sociedad moderna no puede actuar solo en base a la percepción de amenazas. Uber también ofrece oportunidades. Por ejemplo, promueve el emprendimiento ya que permite a muchos trabajar por su cuenta con una inversión accesible. Permite trabajar a estudiantes o madres con niños pequeños que requieren horarios flexibles. Ayuda a disminuir la congestión en el tráfico ya que menos personas utilizarán sus autos particulares si tienen la seguridad de conseguir transporte cuando lo necesiten. Además, integrarse a estas plataformas digitales enriquecería el ecosistema digital de nuestro país abriendo oportunidades a empresas uruguayas para crear aplicaciones que agreguen valor a estos sistemas.

Estos ejemplos son solo el comienzo. En el futuro los competidores “disruptivos” pueden ser empresas como Tesla ofreciendo autos eléctricos que pueden “perturbar” el mercado de los combustibles, Google ofreciendo wifi desde globos aerostáticos y “perturbando” el mercado de las telecomunicaciones o Amazon ofreciendo entregas aérea de paquetes a través de drones “perturbando” los mercados de fletes o couriers, así muchos otros cambios a los que deberemos reaccionar inteligentemente.

Nuestra decisión estratégica no puede ser intentar permanecer al margen de los cambios globales. No sería justo para las nuevas generaciones. Debemos buscar un camino que asegure los derechos de los que trabajan y han invertido, pero que abra el camino a las oportunidades que ofrece el mundo globalizado a las nuevas generaciones.

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