Jorge Grünberg
Jorge Grünberg

Cuidar el principal recurso

El capital de talento de un país es uno de sus recursos críticos para el desarrollo. La cantidad de personas con alto nivel educativo de una sociedad y la calidad de su aprendizaje son determinantes para la producción de valor en la sociedad del conocimiento.

La acumulación de talento requiere generar, retener y atraer personas con alto nivel de conocimiento, potencial creativo y capacidad emprendedora.

El sistema universitario es el componente clave en la generación de talento. Nuestro sistema universitario uruguayo cambió mucho en los últimos años luego de varias décadas de inmovilidad. Existen siete universidades, institutos universitarios, decenas de nuevas carreras, un sistema nacional de investigadores y nuevas oportunidades de acceder a la educación superior en el interior del país.

Sin embargo, no hemos logrado cambiar lo suficiente o suficientemente rápido para adaptarnos a los nuevos desafíos de una sociedad postindustrial. La cantidad de estudiantes universitarios sigue siendo insuficiente si queremos transformarnos en un país productor de conocimiento (principalmente debido al estancamiento en la proporción de jóvenes que terminan secundaria). La educación de postgrado es todavía muy limitada, en especial a nivel doctoral (el nivel educativo que funciona como plataforma para el desarrollo de la investigación y la innovación). La colaboración entre universidades y empresas para generar y aplicar creativamente nuevo conocimiento es todavía una excepción, y existen barreras importantes entre académicos y empresarios en detrimento de ambos.

Una de las tendencias recientes más perjudiciales es la creciente inclinación de los jóvenes de mayor nivel educativo a emigrar. Investigaciones académicas (por ej. las publicadas en 2017 por la economista Luciana Méndez), estadísticas oficiales (por ej. la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud) y abundante evidencia anecdótica de intercambios personales y en redes sociales, muestran cantidades importantes de jóvenes que aspiran a abandonar el país. Liceales de los últimos años de bachillerato expresan interés en carreras y universidades que les permitan continuar su vida profesional o académica en el exterior, considerando ese aspecto por encima de la inserción laboral local, el interés vocacional o los niveles salariales esperados. El masivo interés por el aprendizaje de lenguas extranjeras y el incremento en la cantidad de jóvenes que eligen pasar un "año sabático" antes de ingresar a la universidad, son coherentes con esta "fuerza social centrífuga" que impulsa a los jóvenes hacia el exterior.

Si bien nuestro país ha sido históricamente de emigración, la situación actual no debe verse como parte de una continuidad histórica. Esta emigración o disposición a emigrar aparece más concentrada en los sectores más jóvenes y educados y con posibilidades de una vida razonablemente confortable en el Uruguay. Estos jóvenes no emigran en busca de supervivencia económica sino de un desarrollo personal y profesional que no les parece alcanzable en nuestro país. Esto explica por qué la propensión a emigrar es similar ahora que durante la crisis de 2002 en estos jóvenes.

En la sociedad del conocimiento las comunidades más jóvenes, cosmopolitas y educadas son las que realizan proporcionalmente el mayor aporte de innovación y emprendimiento. Durante décadas hemos visto con preocupación el perjuicio social y económico causado a los departamentos del interior de nuestro país por la migración de los jóvenes más educados hacia Montevideo en busca de educación superior. Con la globalización como telón de fondo de nuestra época, corremos el riesgo de que este fenómeno de drenaje de talento se repita a nivel nacional.

Estos jóvenes componen las "clases creativas" que son la base de los centros mundiales de innovación como el Valle del Silicio y todos los epicentros tecnológicos que los países buscan crear alrededor del mundo para emularlo. La dialéctica social en el siglo XXI no es la de las "clases sociales" sino la de las "clases cognitivas".

La diferencia importante en la creación de valor en la sociedad del conocimiento está en la dialéctica entre las "clases creativas" y las "clases burocráticas". Cuanto mayor sea nuestra proporción de población activa en las "clases burocráticas", menor será nuestra posibilidad de generar innovaciones y crear valor a partir del conocimiento.

No podremos prosperar sin producir conocimiento y no podremos producir conocimiento si no retenemos a nuestras "clases creativas". Nuestro fracaso en retener este talento, costoso de generar y relativamente escaso, nos priva de un recurso esencial para alcanzar un mayor grado de prosperidad y socava nuestro potencial de desarrollo.

Revertir esta tendencia debe ser una de nuestras prioridades como sociedad. Un sistema educativo más diverso y flexible ayudaría a que los jóvenes talentosos puedan encontrar localmente oportunidades para proseguir sus intereses. Un régimen tributario que no penalice el mayor esfuerzo también es necesario para mostrar a los jóvenes techos más altos en su propio país.

Los cambios culturales son los más difíciles pero son los más necesarios. Por ejemplo, es importante equilibrar nuestra valoración de la igualdad con la de otros valores socialmente importantes como la equidad, la meritocracia y la excelencia. Los jóvenes intelectualmente más dinámicos no tienen que sentir que deben emigrar para destacarse sin suscitar censura.

La valoración social del emprendimiento frente al empleo y de la empresa como instrumento de realización de las personas, también serán necesarios para retener a los jóvenes más creativos y emprendedores. Estos jóvenes no buscan sólo trabajo sino desafíos, no buscan sólo ingresos sino realización personal. Si queremos retenerlos debemos ofrecerles una sociedad más diversa y acogedora para sus valores y aspiraciones.

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