Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

De nuestras propias fuerzas

A medida que avanzamos en el 2016, las cifras van confirmando lo que había sido largamente pronosticado. Lejos de mejorar, la economía revela con mayor claridad las consecuencias del manejo negligente durante el gobierno anterior. Por su parte, el gobierno actual viene corriendo de atrás los problemas sin ensayar las medidas suficientes para neutralizarlos.

A medida que avanzamos en el 2016, las cifras van confirmando lo que había sido largamente pronosticado. Lejos de mejorar, la economía revela con mayor claridad las consecuencias del manejo negligente durante el gobierno anterior. Por su parte, el gobierno actual viene corriendo de atrás los problemas sin ensayar las medidas suficientes para neutralizarlos.

El PIB dejó de crecer y se hizo negativo, la inflación aumenta, el déficit fiscal supera el 4%, se reduce el empleo, el consumo disminuye, la inversión se derrumba y tambalea el grado de inversión. Hace solamente medio año se aprobó un presupuesto que seguía las huellas de los años pletóricos.

Los pronósticos y las promesas del gobierno han sido equivocados. Cada día se aleja la probabilidad de volver a encaminar la economía en una tendencia de crecimiento y estabilidad. A los problemas de la economía, siguen la inestabilidad social, el desempleo y la pobreza. El error más porfiado es la preferencia por el gasto público y por sus empleados que son los que más ganan, los que tienen más feriados, menos controles sobre su productividad y nadie los despide. Baja productividad, burocracia, cargos de confianza, corrupción de baja intensidad y generalizada. Es el mayor lastre para la competitividad, la inversión y el crecimiento. La madre de las reformas nunca nació.

En realidad no se trata de un error sino de la resultante de ideologías, proyectos y atavismos revolucionarios irreconciliables entre sí. Todo se salda con una peligrosa parálisis y la opción basada en un modelo de sector público ineficaz, más los emprendimientos autogestionados estilo Fondes, que son fábricas de fracasos y además la creación de oportunidades para la inversión extranjera y la explotación de recursos naturales. La creación de enclaves con residencia ultramarina y estrategias que para nada consideran las conveniencias del desarrollo ni del diálogo local.

Minería, hidrocarburos, hoteles, puertos, regasificadoras, aerogeneradores, celulosa. Tan lejanas como el océano Índico.

La reactivación productiva depende del consumo y de la inversión. Ambas magnitudes son proporcionales a los ingresos y a las expectativas. Dentro de fronteras, las políticas públicas son las principales causas de las modificaciones en la distribución del ingreso y por esa vía influyen en los niveles de inversión y consumo o sea en componentes que tienen impacto decisivo sobre la productividad y la competitividad. La rutina de las políticas ha sido elevar los ingresos para el estado a costa de los sectores más productivos. Las modificaciones en la distribución del ingreso desde sectores de mayor productividad hacia sectores de menor productividad, ha significado una fuerte pérdida de la competitividad de la economía. El gobierno ha establecido que la vía de salida del estancamiento productivo, debería ser la inversión y se pronosticó -equivocadamente- que la inversión seguiría creciendo.

Restablecer la competitividad solamente podrá venir de un mejoramiento sustancial de factores externos que no se avizoran para el corto plazo. Son las formas reactivas de confiar en el futuro. Hemos sido débiles para promover el desarrollo a partir de nuestras propias fuerzas.


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