Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

El tiempo perdido

La producción de granos ha sido la principal explicación del despegue económico de la década pasada. En parte por la riqueza generada en la producción del campo, en parte por los efectos inducidos por la demanda de insumos que se utilizan en la producción y en parte por el aumento del consumo de decenas de miles de trabajadores que perciben altos ingresos.

La producción de granos ha sido la principal explicación del despegue económico de la década pasada. En parte por la riqueza generada en la producción del campo, en parte por los efectos inducidos por la demanda de insumos que se utilizan en la producción y en parte por el aumento del consumo de decenas de miles de trabajadores que perciben altos ingresos.

Para ilustrarlo, basta decir que una hectárea de granos produce mas o menos US$ 1.500 al año, unas seis veces mas que la ganadería. Cuando una há ganadera se sustituye por otra de granos, el ingreso —no la rentabilidad— se multiplica por seis. El valor agregado directo genera una riqueza del orden de los US$ 2.500 millones por año. Parecido a una planta de Montes del Plata por año mas el efecto multiplicador por los ingresos indirectos. Valor agregado, empleo, calificaciones, salarios, consumo. Por eso, el crecimiento de las regiones agrícolas, creció mucho mas que el del conjunto del país.

El impacto es bastante mas que una simple expansión por sustitución. Lo que casi siempre queda oculto son los cambios estructurales asociados a la manera de organizar la cadena de negocios, de gestionar, de innovar e incorporar conocimientos. El “establishment” gobernante y académico ha tenido mucha dificultad para comprender los hechos. Las tendencias se explicaron en clave de condenable conspiración en lugar de entenderla como una oportunidad histórica que en el peor de los casos reclamaba la mitigación de algunos efectos no deseados.

Los ciclos de precios mundiales de materias primas son inexorables. Las vulnerabilidades son significativas y repercuten en las economías de países productores y exportadores. Es mejor exportar informática, nanotecnología o robótica, pero el país solamente ha podido crecer exportando productos del campo. Los recursos asignados a la producción agropecuaria no son la causa de una matriz productiva urbana de muy baja productividad y sofisticación.

Si un suceso depende de múltiples causas, su resultado no podrá ser mejor que aquel que sea explicado por la causa mas débil. Si hay pésimos caminos, no hay FFCC, la energía es la mas cara del continente, la burocracia es enorme e ineficiente, si no se fortalece el capital humano, las remuneraciones no están alineadas con la productividad y hay atraso cambiario — todas razones que dependen de las políticas públicas— se puede anticipar un deterioro de la actividad al menor tropezón. No se aprovechó el tiempo y las condiciones para mejorar la competitividad y bajar costos.

El mundo se aproxima a una nueva fase que entre otras cosas traerá menores precios para los alimentos y la energía. Para nosotros coincidirán, por un lado una tendencia a la caída de nuestros ingresos, la cual se contrapone con la inercia ascendente del gasto público, los salarios y la baja productividad. Mientras nuestros competidores firman tratados de comercio y operan a favor del ciclo, nosotros lo hacemos en contra. Será difícil enfrentar la coyuntura. Volveremos varias casillas para atrás, dañando la ventajosa acumulación en las empresas y alianzas que se han creado. Perderemos las mas frágiles, pequeñas o débiles financieramente. Los aspectos mas importantes para el crecimiento agropecuario, son las políticas macroeconómicas. Se crean incentivos para la industria, el hierro, se favorece el turismo o a las empresas públicas pero en la agenda no figura el MGAP.

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