Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

El país posible y el país de antes

De a poco vamos ingresando en una coyuntura mundial y local que nos habrá de acompañar por varios años. Los ajustes necesarios serán numerosos.

De a poco vamos ingresando en una coyuntura mundial y local que nos habrá de acompañar por varios años. Los ajustes necesarios serán numerosos.

Habrá menores ingresos por reducción de ventas al exterior, por caída de la inversión extranjera y de los precios de exportación. Aumentará el costo del dinero, tanto por las tasas básicas de referencia, como por el aumento del riesgo. El sector privado no contará con el respiro de la caída del precio del petróleo porque de ese oxígeno ya se apropió el estado. Después de muchos años, caerá la inversión y la masa de salarios, lo que quiere decir que habrá menos empleo o menos salarios o ambas cosas. Ya se verifican muchas de estas tendencias que se seguirán acentuando.

Las políticas macroeconómicas no ayudan. La inflación es, especialmente, consecuencia de una demanda ampliada que enfrenta una oferta rígida de bienes y servicios no transables, que causa la suba de precios. Para moderar la inflación se administran medidas monetarias que atrasan el tipo de cambio perjudicando por esta vía al sector transable. Desde hace ya un par de años se ha reducido el dinamismo exportador si se lo mide en términos de volumen físico. En los últimos meses el dólar estaba aumentando aunque no tanto como lo había hecho en países que son, o bien competidores o clientes de nuestras exportaciones. La medida tomada la semana pasada por el BCU crea un fuerte recelo acerca de las prioridades efectivas de la política, más allá de los discursos.

La producción de granos tuvo en los años pasados, un desempeño notable. Al principio de la mano de visitantes de allende el plata y más recientemente, bajo el liderazgo de emprendedores nacionales, generalmente de muy buena preparación, espíritu emprendedor y juventud. Últimamente se hizo un esfuerzo significativo por ajustar la tecnología, mejorando sus resultados. Este año de fuerte descenso de los precios se confiaba hasta hace pocas semanas, en compensar parcialmente esa baja con la elevación de la productividad. Desafortunadamente el clima no permitirá el aumento de rendimientos. Las pérdidas serán significativas y las consecuencias trascendentes. Las regiones agrícolas periféricas o con suelos que no garantizan rendimientos óptimos no serán cultivadas y habrá quebrantos importantes en la cadena de abastecimiento de insumos y servicios locales. Un golpe a emprendimientos descentralizados que aportaban valor a poblaciones históricamente marginadas.

La ganadería enfrenta su trance particular. Este año se esperaba lograr 3 millones de terneros, un hito simbólico y además con significado. Tal vez no se logre la meta, pero mucho mas lejos aun quedará el resultado económico esperado. Como muestra basta mencionar que una firma que remata varios miles de terneros en la zafra de otoño logró en promedio US$ 1,90 por kg. Esa cotización se compara con los US$ 2,70 de hace dos años en la misma fecha y US$ 2,30 del año pasado. El desaliento está llamando a la puerta de miles de familias.


Mientras, en la ciudad, se afilan las hachas de guerra. El presupuesto, los salarios, la enseñanza, el Fondes. El país posible contra el país de antes. Gobernar el reparto del ajuste será una tarea de precisión que reclamará la aplicación de las mejores prioridades para el largo plazo junto a la capacidad política para implementarlas.

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