Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

La mesa de café

Una verdad dicha antes de tiempo es igual que una mentira. Sin embargo, el progreso se basa en hallazgos de los Galileos o los Copérnicos o los Artigas, quienes se adelantaron a la comprensión de sus contemporáneos.

Una verdad dicha antes de tiempo es igual que una mentira. Sin embargo, el progreso se basa en hallazgos de los Galileos o los Copérnicos o los Artigas, quienes se adelantaron a la comprensión de sus contemporáneos.

También en nuestra pequeña peripecia cotidiana vivimos desajustes entre la urgencia de los tiempos y las aspiraciones o creencias equivocadas que retardan la mejor gestión de los nuevos tiempos. Nuestros reveses son calcados de los de tan- tas otras veces en pasados cercanos.

Las economías que dependen de sus exportaciones de alimentos están expuestas a una elevada volatilidad determinada por demandas relativamente estables y ofertas sujetas a una fuerte variabilidad entre años. No obstante, los países más avanzados económica y socialmente han alcanzado su desarrollo basados en sus fortalezas en la producción de alimentos de clima templado y a partir de esa base, han sido capaces de diversificar y complejizar su economía. Fueron capaces de moderar la volatilidad e innovar en nuevas solucio-nes a través de las cuales se transformaron en los más prósperos y a la vez, en modelos de cohesión social.

Ni los precios de la década pasada ni las causas que los explicaban terminaron siendo sucesos permanentes. Cayó fuertemente el precio de los granos y los lácteos y pestañean la celulosa y la carne. El debilitamiento de nuestra competitividad y nuestra deficiente estrategia comercial acorralaron las posibilidades. Miles de pequeñas empresas y de empleos quedarán por el camino.

Tampoco se podía confiar en que eternamente EEUU tendría necesidad de una tasa de interés igual a cero ni que China crecería al 11% ni que fuera posible atrasar el tipo de cambio como lo hicimos. La ausencia de previsiones y el despilfarro derivaron en profundos errores de estrategia, guiados por el derroche.

La desaceleración del crecimiento mundial y el debilitamiento de los precios de las materias primas hay que tomarlos como un cambio de ciclo que durará unos años. El país será más pobre y el mundo nos reconocerá menor valor por nuestro trabajo. Seremos más parecidos a los 90 que al 2012. El dilema sigue siendo la productividad y su reparto. Cerca de la mitad -depende de cómo se lo considere- de la población trabajadora tiene productividad muy baja, consecuentemente, bajos salarios y precariedad laboral. Las calificaciones son un incentivo para la inversión, para el mejoramiento de las remuneraciones y de la calidad del empleo. Buena parte de los pobres que ingresaron a la clase media y que no son amparados por sindicatos y corporaciones podrán volver a caer en la pobreza.

Las recetas son las de siempre. Competitividad, infraestructura, educación, seguridad, apertura de mercados, incentivos para la innovación, evitar el despilfarro, mejorar la gestión pública. Con giros a la izquierda sesentista y consejos de Fidel, el futuro sería aun más incierto. Con el trueque entre países de dudosos antecedentes -aunque a veces no hay otros remedios- con negocios sustentados en la política, confianza en la sonrisa de Dilma o esperanzas en los sucesores de CFK el progreso será lento y tortuoso.

Las innovaciones exitosas provienen del conocimien- to, de la experiencia, de las construcciones de largo plazo, de los equipos y de la confianza. No es aconsejable poner el foco en las improvisaciones, en las soluciones iluminadas ante situaciones desesperadas o la genialidad de la mesa de café.

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