Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

La llegada del invierno

Finalmente, se instaló el invierno, lo cual acentúa las consecuencias de los desajustes al interior de la cadena cárnica. El mismo provoca fuertes redistribuciones del ingreso generado por la actividad, algo que hacía unos años que no ocurría.

Finalmente, se instaló el invierno, lo cual acentúa las consecuencias de los desajustes al interior de la cadena cárnica. El mismo provoca fuertes redistribuciones del ingreso generado por la actividad, algo que hacía unos años que no ocurría.

Las exportaciones mundiales, no alcanzan al 10% de la producción. En cada destino las importaciones, son una pequeña parte del consumo, de manera que movimientos de oferta mas o menos imprevistos pueden provocar fuertes modificaciones del mercado. Asimismo, los importadores prefieren no atarse a un solo proveedor, especialmente cuando -como ocurre- el producto transado no posee una calidad especial que lo diferencie netamente. La mayor parte de nuestras exportaciones se procesa perdiendo la identidad de origen y la referencia para el consumidor. De esa forma no se puede crear clientela por calidad y marca.

Bajo esas condiciones, los negocios se hacen con horizonte de pocos meses, porque ni compradores ni vendedores saben como podrá estar un mercado volátil mas allá de esos plazos. Cuando ingresamos a la cadena en nuestro territorio, ocurre algo parecido. La oferta de ganado está sujeta a una fuerte variabilidad provocada por diversos factores difícilmente previsibles que hacen variar precios y cantidades. El exportador solamente tiene un negocio corto pactado y no tiene garantías para comprometerse en compras de ganado a mayor plazo. En mercados que se arman cada día, el poder de influir en el mismo también va cambiando de manos, lo cual crea incertidumbre.

Cada parte trata día a día de vender lo más caro posible y comprar más barato. Esas reglas de juego dominan en desmedro de eventuales visiones de largo plazo que a la larga pudieran ser mejores. El valor agregado se reparte según las variaciones cotidianas de abundancia o escasez. En una suma global, lo que gana una parte es a costa de lo que pierde la otra, contrastando con los negocios ganar - ganar que se difunden en otros sectores de la economía.

Un mercado más previsible y ordenado, bajaría los riesgos y alentaría las inversiones que permitirían abreviar los ciclos, mejorar la calidad y aumentar el ingreso. El problema no está en la ética de las personas, sino en las reglas de juego establecidas a partir del producto y de los mercados. El producto es carne escasamente diferenciada, que puede ser sustituida por otros proveedores. Esta condición limita fuertemente la diferenciación y la posibilidad de fidelizar al consumidor de ultramar. El broker dueño del negocio de importación, es el principal interesado en impedir la diferenciación y la identificación de marcas.

Afortunadamente existen desarrollos incipientes y promisorios de sistemas de producción de carne de calidad capaces de llegar a la mesa del consumidor con la bandera de origen. La movida alrededor de la cuota 481 es un buen ejemplo, pero no el único. Se abren dos vías de mejoramiento. Por un lado la carne de animales alimentados a corral y por otro lado, animales que comen pasto y certificados, para consumidores con preferencia por productos orgánicos. A pesar de las buenas perspectivas, los avances son lentos y reclaman al conjunto de actores de la cadena.

Estos esfuerzos encaminados a diferenciar por calidad, también diferenciarán por aptitudes, el acceso de los productores a los nuevos negocios. Otro elemento para enfatizar en las inversiones de capital humano.

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