Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Las ideas envejecen

Como ocurrió muchas veces en el pasado, nuestros gobernantes reaccionan a destiempo ante el inicio de una fase descendente del ciclo económico.

Como ocurrió muchas veces en el pasado, nuestros gobernantes reaccionan a destiempo ante el inicio de una fase descendente del ciclo económico.

Subsiste una inercia que congela la visión reciente de una economía en crecimiento del producto, el empleo y las remuneraciones. Desde hace más de un año se han empezado a agotar las condiciones que favorecieron el mejor momento en más de medio siglo y el deterioro se acentuará para buena parte de la población y las empresas.

Aunque el PIB crecerá, lo hará a menor ritmo y se repartirá de manera diferente. La mayor afectación, tanto en el campo como la ciudad recaerá sobre las pymes y sus trabajadores. Lejos de las corporaciones, del Fondes, de los seguros de desempleo eternos y del acceso a las mejores herramientas para enfrentar las contingencias. También se constata una afectación sectorial. La construcción, el agro y la nube de empresas que viven de proveerlos de insumos y servicios sufrirán una contracción de la producción y el empleo. En su conjunto, son las empresas privadas que generan el mayor volumen de empleo del país.

Los daños dependerán de cuán rápidamente y con qué alcance se produzca el cambio de precios relativos -la reducción de los costos de producción- que permita mejorar la competitividad de las actividades más críticas para sostener el empleo, las exportaciones y el crecimiento. Los gobernantes repiten que la competitividad no depende del tipo de cambio -el gran símbolo de los precios relativos- sino de la innovación. Son frases para ganar tiempo. El tipo de cambio es apenas un indicador. Se agrega la mochila de las tarifas públicas, la parálisis en la apertura de mercados, las cargas fiscales, el peso de la burocracia, la inseguridad, el descuido en la formación de capital humano, las carreteras, los puertos. A ello se añade la macroeconomía y sus impactos sobre la inflación y el atraso cambiario. Todas responsabilidades de las políticas. Un contexto adverso para sumar el riesgo de la innovación.

Las soluciones propuestas en el sistema de competitividad no atacan el núcleo del problema. Se ha optado por crear gabinetes con directores, directorio, secretarías técnicas, burocracias nutridas y presencia mediática pero sin poder para abordar lo más importante. Las promesas y planes por ahora no alcanzan. Somos un país muy caro y muy vulnerable -procíclico- para cualquier comparación internacional. Durante años empleamos la prosperidad para remunerar empresas y cargos independientemente de la productividad, creando incentivos adversos. Florecieron los buscadores de rentas.

Hay que dar un voto de confianza al nuevo gobierno. Sus líderes conocen bien los riesgos de la coyuntura y los réditos de promover un aterrizaje suave. Pero como lo político está antes que lo económico y el enemigo está en casa, el verdadero problema radica en las diferentes visiones dentro del oficialismo. Lo peor que podría pasar es un empate cero a cero que se insinúa en estas primeras semanas que han transcurrido.

Muchos años en los corredores de los ministerios y del Palacio dejan su huella. El mundo externo es cada vez mas ajeno y desconocido. Las ideas envejecen. La creatividad, las motivaciones y el entusiasmo también se agotan.

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