Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Asuntos comunes del barrio

De a poco van aflorando los rasgos de la nueva coyuntura económica mundial. Los mismos caracterizarán un ciclo que nos acompañará durante algunos años. Los países avanzados iniciarán una fase de recuperación, mientras la discusión sigue centrada sobre la firmeza y estabilidad del crecimiento y sobre los entendimientos entre la política y la economía.

De a poco van aflorando los rasgos de la nueva coyuntura económica mundial. Los mismos caracterizarán un ciclo que nos acompañará durante algunos años. Los países avanzados iniciarán una fase de recuperación, mientras la discusión sigue centrada sobre la firmeza y estabilidad del crecimiento y sobre los entendimientos entre la política y la economía.

Se trata de uno más de los ciclos de destrucción creativa de Schumpeter que han caracterizado la historia del capitalismo. Tampoco esta vez será su fin. Por el contrario, todo parece ir en la dirección de su fortalecimiento ante el fracaso de los proyectos alternativos.

Por su parte, los países emergentes que tuvieron un período dorado, deberán remontar una senda más empinada. Bajarán los precios de sus exportaciones, se depreciarán sus monedas, aumentará la competencia, habrá menor acceso al financiamiento y cambiarán los flujos de capital. Los países que se hicieron fuertes a través del ahorro, la inversión, la innovación y la competitividad, tendrán mayores oportunidades para navegar en estas aguas. Los países fiesteros que se beneficiaron de una riqueza inesperada pero agotable, que no resolvieron las debilidades estructurales del crecimiento ni invirtieron en capital humano o infraestructura tendrán dificultades mayores. Como muchas veces en el pasado, la elevación de la riqueza no fue aplicada al mejoramiento de la productividad. Aumentó el consumo hasta el límite, se sacrificó la competitividad, se protegió el mercado interno, se favoreció una industria primitiva, se debilitó el comercio, se emprendieron políticas populistas y el gasto público resultó cada vez más caro e ineficaz.

Cuando se debilitan los ingresos por exportación, el modelo se torna insostenible. Nace una cadena conocida de sucesos: déficit fiscal, inflación, devaluación, caída del producto y del empleo, conflictos políticos y sociales acompañados por la búsqueda de culpables. Son eslabones de una secuencia que se ha repetido como un calco a lo largo del siglo XX. Argentina y Venezuela, son los maestros. Brasil y Uruguay quedan por la mitad de la tabla pero debiendo lamentar la pérdida de oportunidades en el mejor momento de la historia, lo cual hubiera permitido el tránsito de países solamente más ricos, a países desarrollados. En ese contexto Uruguay tuvo un desempeño híbrido. Participó activamente en la liturgia de las cumbres abrazándose con los caudillos herederos de la guerra fría, profetizando juntos sobre un socialismo desconocido que ni existe ni se sabe cómo es. Coincidiendo en la exaltación de la burocracia y del gasto improductivo con fracasos estrepitosos en la gestión y de la mano de una preferencia por el conflicto y el autoritarismo. La mayoría del partido de gobierno y los sindicatos soñó con aplicar las estrategias de Cristina y de Chávez aunque el litigio con Argentina inhibía las exteriorizaciones. Destacable la coincidencia entre el antagonismo hacia el agro, simultáneo con la sumisión deshonrosa profesada hacia Aratirí o Vaca Muerta.

En nuestro país, los problemas son cualitativamente parecidos, pero su virulencia ha sido atenuada. Sin embargo, en un año que se irá complicando y que además será electoral, gastar tanto y tan mal, remunerar tan bien lo que tiene tan baja productividad y tan mal aquello que es más competitivo nos aleja de mejores oportunidades.

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