Javier García
Javier García

Se viene el cuco

Desde la derecha más reaccionaria, hasta su homóloga de izquierda, y ante la inminencia de perder el poder, siempre el gran recurso fue infundir miedos a los cambios, asustar.

Lo que se avecina es de terror, desde el muro en Avda. del Libertador que en 1971 iba a dividir Montevideo, hasta los tanques rusos y el robo de niños, toda estupidez era válida. Se usó antes y de nuevo ahora, pero desde la vereda de enfrente. Es el mismo recurso, igual de tonto, pero de signo contrario. Siempre los extremos se dan la mano.

Ahora, ante la inminencia de que el FA pierda, empieza el festival de cucos. El “hombre (y la mujer) de la bolsa” (hay que evitar la censura de género), empieza a recorrer la campaña electoral y no repara en ridiculeces. Revela el grado de desprecio de gente grande que se dice de izquierda pero que nunca conoció una forma de vida que no estuviera vinculada al poder político o sindical.

La primera acusación, descacharrante si las hay, es que puede gobernar un presidente que fue a un colegio privado. Sinceramente descalificador, merecedor de poner en la Constitución como invalidante para todos los hijos y nietos de dirigentes del FA que allí concurren, como los del actual presidente de la República o de ministros, senadores y diputados del FA, si algún día quieren dedicarse a la política. Como si eso no alcanzara ese mismo futuro posible presidente vive en un barrio privado: esto sí es un tiro en la línea de flotación, ilevantable. Si pasados todos esos límites éticos y morales que desautorizarían a cualquiera en un país civilizado, la ciudadanía aún insiste, se preanuncia desde ya que los uruguayos nos martillaremos los dedos porque la insensibilidad del nuevo presidente y su gobierno le sacarán los planes sociales y las asignaciones familiares a los más pobres. Irán luego por las tarjetas del Mides. Por ello en los centros MEC se les ordenó que hay que trabajar para evitarlo, y aleccionar a sus concurrentes. El mejor resumen de todo esto fue el de la inefable ministra María Julia Muñoz, que nos facilitó esta frase de lo que se viene: “Los salarios se bajan, las políticas sociales dejan de existir, y el Mides se recorta”.

Llama la atención que más importante que un colegio o un barrio, no alerten porque pueda venir un corrupto.

Si fuera por el cuco no hace falta que venga porque habita entre nosotros desde hace tiempo: es aquel que nos hizo perder 50.000 empleos en los últimos tres años, de los más pobres y menos calificados. Aquel que progresistamente empujó a la calle y a los asentamientos a miles de uruguayos que duermen tapados con un cartón debajo de techos callejeros o en plazas, o chapotean, miles de ellos niños, entre aguas sucias en asentamientos que se multiplicaron. Es el “hombre (y la mujer)” que más que de la bolsa, se metieron en el bolso millones de dólares corruptos que desaparecieron de Ancap, Pluna, de la regasificadora, o que fueron el “tajo” de negocios oscuros con Venezuela que hacen que hoy un país siempre digno como el nuestro se arrastre en los estrados internacionales rehén de sus vínculos malolientes.

El cuco ya vino y se llevó puesto al vicepresidente, a un ministro de Economía y a un presidente del BROU, muy progresistas ellos.

El verdadero miedo más que al cuco es al auditor que se instalará en todo el Estado cuando se vayan. Esa es su peor amenaza. Usted se imagina por qué.

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