Javier García
Javier García

Vázquez, el responsable

Aesta altura no hay capricho que explique la decisión del presidente de mantener al nefasto Bonomi y al hermano presidencial. Aparenta ser impermeable a las críticas de la oposición y se sienta sobre su ministro y su hermano para que nadie los toque.

Eso sería parte del manual político tradicional si las consecuencias de la tozudez no terminaran en esta situación crítica que vivimos de impunidad e inseguridad.

Nadie hoy puede garantizar que sale de su casa y vuelve sin ser atacado, hurtado, rapiñado o cosa peor. Ni cada uno ni dentro de nuestras familias o amistades. Se está viviendo una epidemia de asesinatos que nos asemeja a las peores realidades. El gobierno no tiene ni idea qué hacer y el ministro balbucea. Es imposible dirigir una institución, cualquiera, si no se la quiere y respeta. Y Bonomi y el hermano presidencial ni quieren ni respetan a la Policía.

Matan a policías y siempre la culpa la tiene el agente ultimado, o porque no usa chaleco o porque está donde no debe o por lo que sea. Pero para el ministro siempre el homicidio de un policía tiene origen en el propio agente. Pensar esto podría ser su responsabilidad pero si el presidente lo tolera y lo apaña entonces el culpable es él. Su continuidad no tiene, a la vista, explicación. Solo puede tenerla, aunque no sea aceptable, si existen cosas que no sabemos, o compromisos políticos o de otro tipo que desconocemos (los nepóticos son evidentes). En todo caso es deplorable que cualquiera de estas cosas haga que todo el Uruguay sea rehén de esos pactos.

Que solo con la salida de ese tándem no se cambia el rumbo, es verdad. Pero con su continuidad es imposible, son el peor obstáculo. Es tal la señal de bandazos que dan pena institucional. Que hay que hacer cursos en los supermercados para saber cómo mirar a un delincuente, que contratar retirados policiales, que escopetas con balas de goma, todo es un aquelarre de improvisaciones que van saliendo como sorpresas de la galera de un mago.

Con pompa se anunciaron en 2012 las medidas "por la vida y la convivencia", incluida la legalización de la marihuana, y el resultado es la multiplicación de la violencia extrema y el delito. Vivimos en medio de una epidemia de asesinatos al estilo de las mafias centroamericanas, de violencia callejera e impunidad. Matar es gratis en la mitad de los casos porque la mitad quedan impunes, la aclaración del delito es menor y el delincuente sabe que atacar es negocio porque deja plata y no lo agarran y cuando lo agarran sale pronto.

Hasta cuándo hay que esperar para que se entienda que queremos vivir en paz, con normas claras, donde se defienda a la gente de bien y se persiga y reprima al delincuente. Que sepa el que se mete en eso que va a pagar su ataque, que en la sociedad se vive en la ley o se paga con cárcel y rehabilitación en serio, y no hay más cobertura para mafiosos y delincuentes. Se necesitan equipos profesionales, bien pagos y con estímulos, en vez de tanto contrato político al santo botón, para rehabilitar reclusos y ayudarlos a salir del círculo de violencia, para que se reinserten y trabajen.

Lo de Bonomi es impresentable, pero es un secretario y el hermano de Vázquez (un ejemplo de buena gestión según él mismo), solo el hermano. Si el presidente ausente no ve esto es grave, pero que escuche el grito de hartazgo de nuestro pueblo: ¡Basta!

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