Javier García
Javier García

Un Uruguay impositivo

El país de primera no llegó, los impuestos sí. La carga tributaria según Martínez es adecuada, no podemos quejarnos apenas nos comparemos con Francia o el Reino Unido, dijo.

Somos países comparables, equivalentes parece, en desarrollo, en infraestructura y modernidad. Nuestro sistema educativo y de salud nada tiene que envidiarle a estas potencias. Por eso nuestra carga tributaria es tan similar.

Este es el mundo paralelo de Martínez. Tuvo sinceridad, se le preguntó si preveía hacer un ajuste fiscal en caso de que llegara al gobierno y dio una respuesta jugada: depende del mundo. Apretado un poco ante su respuesta dijo que no lo descartaba. Estas no son noticias falsas, es su pensamiento en primera persona. Hay que destacar que fue honesto intelectualmente. En la pasada elección el candidato Vázquez y Astori perjuraron que no pondrían impuestos, y apenas pudieron los pusieron o aumentaron y las tarifas volaron. El país es caro, pero además tiende a ser improductivo por falta de competitividad. Vamos en un tobogán de malas noticias, no por fuerza de los hechos ni por condiciones externas sino por decisiones políticas propias, o por no tomar buenas decisiones.

El proyecto del FA es ilusionismo político: reparte lo que no tiene y cuando se le acaba, reparte lo que va a sacarle a los trabajadores y empresarios, que ya tampoco tienen. Es un espiral de fantasías.

La lista de Martínez, la que él vota, llevará a como primer senador a otro defensor de esta línea impositiva que es Olesker. Ya puso impuestos, y sabe cómo hacerlo.

Trabajadores y empresarios saben de buena fuente qué les espera en un próximo gobierno si por una razón inexplicable triunfara esta línea del impuestazo progresista: informalidad y recesión será la respuesta. Se agravará esto que se vive desde hace meses.

Un país sin estrategia de inserción internacional, sin proactividad para abrir puertas y atado a un inmovilismo desesperante en el mundo no puede tener nunca buenas noticias. Estamos encerrados en un mundo que mira todos los días por las ventanas para ver quien pasa y hacer negocios, de buenos productos, que los tenemos, pero muchas veces fuera de mercado. Cuando no lo estamos por los costos de producción, lo estamos por los aranceles que nos sacan del menú y nos cierran puertas.

Un Estado pesado, mastodóntico que traslada a la producción y al hogar sus costos, que hace que la flauta de pan salga cara, que las verduras y la carne sean caras, que la ropa sea cara y que el combustible salga un horror; y que generó un déficit que se quiso bajar subiendo tarifas e impuestos y no hizo más que crecer a cuenta de clientelismo, mala gestión y corrupción.

Este es el país impositivo de los muchachos que gobiernan y que ahora con soltura nos anuncian seguir esa misma línea. Más impuestos y más tarifas. Se agradece sin duda la sinceridad y no andar con medias tintas para decir su proyecto. Uruguay caro y a puro impuesto. Ahorrar para estos gastadores compulsivos es una herejía, es antisocial. Meter la mano en el bolsillo del trabajador y el empresario (no hay que tener miedo de defender al que genera empleo y mueve la economía), es un paradigma progresista. El clientelismo desatado y la corrupción son padres de esto, pero también la mala gestión. No todo pasó por meter la mano en la lata, pero sus manos siempre entraron en los bolsillos ajenos.

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