Javier García
Javier García

Tilo y poder

El Poder está nervioso, hostil, agresivo. Está además opaco. No se lo ve, salvo por sus gritos. En tres fines de semana estaremos votando en las internas, que son en verdad externas. Se elige adentro de cada partido, pero de ellas sale el futuro presidente.

Uno esperaría que el oficialismo defendiera su gestión después de quince años de gobierno ejercido con todo el poder y el dinero que necesitaron. Tendrían que decirnos mucho de sí mismos. Defender su gestión en materia de seguridad. No pueden. O los resultados en materia educativa, pero no pueden y peor, quieren esconder las estadísticas oficiales que delatan el fracaso como intentó el presidente del Codicen y se conoció esta semana. Deberían pararse frente a los uruguayos y decirnos que dejan un Uruguay de trabajo y productivo (¿se acuerdan del eslogan de campaña?). Sin embargo, las empresas van a concordato como nunca, mientras los trabajadores van al seguro de paro o quedan en las calles por decenas de miles.

Quince años de poder absoluto tendrían que servir para mostrar unas cuentas ordenadas y tarifas públicas adecuadas a los servicios y que no fueran un mecanismo de recaudación ciego. Tendría que parase el zar de la economía, Astori, y seguir dándonos clase en lo posible sin soberbia (es mucho pedir, lo sé) y decirnos que aquellos que se autodenominaron en su momento como el “dream team” de la economía uruguaya, dejan al país prolijo. No. Ese “dream team” con Astori fue un fracaso y demostró un amateurismo colosal, que nos deja endeudados hasta el copete, con un déficit fiscal intolerable, con inflación galopante y desempleo.

Este equipo que se vendió de lujo se sometió al comité mujiquista, abandonaron la razón para seguir en sus cargos, prefirieron los tarifazos y el desastre de gestión y mirar para el costado cuando hacían desquicios, para seguir en sus cargos y aplaudir al titiritero en el besamanos progresista en que se erigió del quincho de Varela. El Profesor Astori es el rey de la goleada en contra. Le llenaron la canasta mientras él mismo comentaba los goles.

Por eso ahora no pueden hablar de su gobierno. Pero ya comentan que pasará en uno próximo que ubican del Partido Nacional. Extraño mecanismo subconciente: ya ni hablan de lo que harían, porque se imaginan que otros gobernaran. Se ven derrotados. Por eso la mentira y las campañas falsas, por eso la bajeza. Esta semana acribillaron a un Policía y sin embargo la preocupación ese mismo día del gobierno fue presentar una denuncia contra nuestro compañero Pablo Bartol por haber desenmascarado que en el Mides, al igual que en la educación, quieren esconder los datos oficiales.

Están aterrados por bajar al llano, los asusta dejar el poder al que han transformado en suntuoso y fiestero. Recorren embajadas y recepciones, pero nada los barrios ni los pueblos. Ahora andan de campaña en sus autos oficiales recorriendo comités de base y levantando el ánimo de una militancia que se siente avergonzada.

Los sueños de un país mejor y más justo se derrumbaron con el progresismo. Los únicos que mejoraron son los burócratas del Frente Amplio en cargos y consultorías inservibles. No hay dignidad arriba y por ello no se siente regocijo abajo.

Ante esto lo mejor es acostumbrarse a que la rotación de partidos es buena cosa para la democracia. Y además es sanamente inevitable. El nervioso poder necesita tilo y calma.

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