Javier García
Javier García

La tanqueta compañera

Para el Frente Amplio los derechos son humanos si los violan sus adversarios, si los violan sus amigos algo habrán hecho esos humanos que no se merecen derechos.

La tanqueta de la dictadura venezolana pasándole criminalmente por arriba a unos manifestantes, que vimos esta semana, mereció un comentario legitimador del aspirante eterno a Nobel de la Paz y ex presidente progresista Mujica: “no hay que ponerse delante de la tanqueta”. Esperemos que los noruegos hayan tomado nota de este comentario pacificador de quien le vendió al mundo un enorme verso sobre sus cualidades intelectuales y nunca dejó, ni por un minuto, de ser quien es. Aquí lo conocemos bien.

La izquierda se paró siempre sobre dos pedestales y construyó un relato a su medida: las políticas sociales y los desamparados son su monopolio, y la defensa de los derechos humanos también.

Las izquierdas fueron a lo largo y ancho del mundo una fábrica de pobreza y postergación. De miseria y corrupción. Vivieron de la plata ajena y cuando se les acabó, se derrumbaron. No hay régimen marxista que haya sido triunfante en calidad de vida, en desarrollo y por supuesto, sería una contradicción, en libertad y derechos humanos. En América Latina se le agregó la dosis populista, muchas veces sazonada con Caribe.

El FA está asociado a las peores manifestaciones de esos tiranos. Tan hermanado se siente que es capaz de justificar cualquier cosa, y las más grandes barbaridades. Es una mentira monumental que el progresismo uruguayo defiende los derechos humanos. No los siente en la universalidad que deben tener. Son derechos que reclaman para sus correligionarios, y lo justifican si los violan sus socios políticos y económicos. Si el nicaragüense Ortega es un violador, como es, acusado por su hija de someterla de niña, no solo el FA hace silencio, sino que lo premia porque esa niña, hoy mujer, debía callar sus derechos y humillarse ante el revolucionario y saciarle sus apetitos sexuales, como una bestia, para que después de violarla pudiera seguir liberando a los sometidos de su país. Digamos que era una necesidad revolucionaria, un mal menor.

Si el régimen corrupto y atroz de Maduro reprime y le pasa con una tanqueta por arriba a los manifestantes, la culpa la tiene el pueblo venezolano por pedir libertad y ponerse adelante del blindado. No son frases distraídas, hay una forma de pensar dentro de sectores marxistas del FA que le puso precio a la defensa de los derechos humanos: el precio es político y económico. Lo que une al MPP y a otros sectores del FA con Maduro no es solo ideología, es plata. Son negocios oscuros que enriquecieron y financiaron política.

Esa es la realidad y el ex presidente está metido en eso porque fue en su presidencia que se hizo, y eso tiene un precio que es defender siempre al régimen que pagó, es decir a la tanqueta asesina de Maduro. ¿O alguien cree que hay romanticismo adolescente? Hay plata, fría y metálica. En eso se ha transformado una izquierda que se fundó en ideas supuestamente humanistas y mudó a un salvaje mercantilismo ideológico que vende las ideas por dólares. La tanqueta que le pasa por arriba a un manifestante es criminal, lo fue aquí cuando enfrentamos a la dictadura y lo es en Venezuela. Siempre un crimen, lo haga un tirano uruguayo o venezolano. Esa es la diferencia entre un blanco y Mujica, que nunca lo fue.

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