Javier García
Javier García

La sociedad del pasado

Es lo que fue y pasó o lo que vendrá y podemos hacer. Así está planteado el debate político. Es la expresión política de dos formas de ver el país: desde el retrovisor y la melancolía, desde los enfrentamientos pasados, o desde las pista de lanzamiento de nuevas oportunidades.

El FA es claro que se siente cómodo en los debates del pasado y lo masajea para mantenerlo vivo, y es también lo único que aglutina a las viejas generaciones de frentistas. Toda esta provocación a las Fuerzas Armadas, este enfrentamiento que encabezó el ministro de Trabajo Murro, que es realmente quien está atrás de esta línea, es la expresión más clara de este debate. La mayor relevancia de la reforma de la mal llamada caja militar es política y busca estigmatizar a una institución. No es por justicia ni fiscal, es por castigo.

La insistencia traducida más tarde en la sanción al comandante tiene atrás encontrar un enemigo político para unificar filas a la interna del FA. Es la vieja agenda. Los reflejos antimilitaristas de varios en el FA son tan primarios que apenas se mueven un poco logran soldar atrás de esas consignas a todos y los que no lo comparten se quedan callados por temor a la corriente tradicionalista, la que se formó en los 60 y 70.

Carentes de proyecto de futuro, lo que amalgama a la militancia de los viejos comités de base son dos o tres consignas setentistas. La otra es la de mirar a los empresarios como la rosca oligárquica criolla. Una estupidez grande como el cielo, pero rendidora a la hora de lograr aplausos internos.

En nuestro país el 90% de los empresarios son Pymes, o microempresas, la mayoría unipersonales o familiares. Pero además son los únicos que generan riquezas. No se ha descubierto alguien que sin ser emprendedor y asumir riesgos con su dinero genere un peso de riquezas que se vierta en escuelas, liceos, rutas y hospitales. Lo hacen a través de su riesgo, porque invierten y generan empleo genuino que paga impuestos y hace mover la economía, y paga la solidaridad y los subsidios que administra el Estado.

La otra consigna es la internacional. La que justifica cualquier cosa en virtud de los compañeros del mundo llamado progresista. Por estas horas el excanciller Almagro que bien que justificó y calló ante lo mismo que ahora censura con crudeza, les dijo de todo a sus compañeros. Digamos que su cambio es sorpresivo y rutilante, pero bienvenido. Seguramente comprendió las tonterías de defender a un régimen criminal como el de Maduro o el de Ortega y lo manifiesta a gritos. Su persona ya está en la hoguera y su alma está vendida al imperio y la CIA, dicen en el FA. En esos mismos comités se formaron defendiendo los peores regímenes que mataron y aplastaron pueblos durante décadas, como el soviético o el rumano. Los asesinos no lo eran porque levantaban el puño.

Todo esto es el pasado que no entiende lo que se viene. Entrar en estos debates es competir por cenizas. Todos los candidatos del FA, cualquiera de ellos, están obligados a defender estas momias ideológicas y están sometidos a la inquisición de los sacerdotes de los comités y al poder sindical.

Para romper con ese pasado hay que romper la máquina del tiempo. Lo que pasó ya está, no se puede cambiar. Lo que sí podemos moldear es el futuro. Es como querer enterarnos de las noticias del mundo prendiendo la radio a galena. Te vas a perder el mundo.

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