Javier García
Javier García

Por la senda de Adeom

Parecía difícil competirle a Adeom en materia de impopularidad, pero le salió un competidor inesperado: el sindicato de profesores de secundaria que planea parar contra el liceo Jubilar y los similares Impulso, Providencia, Francisco y el próximo liceo del sindicato de la bebida.

Parecía difícil competirle a Adeom en materia de impopularidad, pero le salió un competidor inesperado: el sindicato de profesores de secundaria que planea parar contra el liceo Jubilar y los similares Impulso, Providencia, Francisco y el próximo liceo del sindicato de la bebida.

El paro es para que no se extienda una experiencia pedagógica que se encarga de arrancar niños del fondo de la pobreza y la marginalidad y darle lo mejor para pelear en la vida, o simplemente a hijos de obreros, ofreciéndole una educación pública de alta calidad.

Hay una ideología atrás de este rechazo: el Estado es el único que debe “educar”, todo igual, aunque sea malo. Si fuera por ellos prohibirían cualquier liceo privado, religioso o laico, aunque sea gratuito. Han sido sin embargo con su conducta los mejores impulsores de su creciente matrícula. Es más, prohibirían lo exitoso, para que no los comparen.

Juan tiene 15 años, lo conocí hace tres años en el Jubilar en medio de un recreo, leyendo muy concentrado. Cuando Gonzalo, el cura, pasó al lado de él y le acarició la cabeza, Juan y el director se golpearon la mano en un saludo cómplice. Juan tenía a su padre preso en Santiago Vázquez y su madre consumía pasta base y lo abandonó. Vivía solo en un ranchito de lata sin baño, su vecino le prestaba el de su casa. La vida lo golpeó duro, pero eso no le impedía leer atento un libro de matemática. Le dije a Aemilius, el cura, esto es un milagro. Me contestó sin misticismos: esto no es un milagro, esto es trabajo.

El enfrentamiento inútil que da el sindicato y algunos jerarcas contra estas experiencias educativas, argumenta que “seleccionan” alumnos, es decir está mal que Juan haya sido elegido por ser pobre y abandonado, porque a clase no iba si no se lo hubiera ido a buscar. ¿Lo hizo otro antes? No. Se preguntaron que hubiera pasado con los “juanes” si nadie los hubiera elegido… para darles clase.

No será que lo que está faltando al sistema y a las ideologías que se encargan de la teoría pero no de estos niños de carne y hueso es empezar a encargarse de los “juanes” de todos los barrios y no dejarlos sin clase por semanas en cada año, a la deriva y en la calle para ser un festín de las mafias y los narcos al menudeo. Mientras discuten ideología en asamblea, los chiquilines están en la calle.

Los docentes hace tiempo que seleccionan a sus alumnos y nadie dice nada. Los mejores profesores, los que tienen más experiencia, ¿suelen ir a los barrios más pobres y carenciados? Seguro que algunos sí, pero la mayoría no. Los de mayor grado eligen primero a dónde ir y cuántas horas dar, mientras a los más jóvenes les queda para elegir las horas que estos dejan en los liceos de contexto más crítico y difíciles, a los que deben enfrentar con menos experiencia. No parece lo mejor, pero nadie se queja de esa “selección”. Esa sí es una selección negativa. No es serio hacer huelga contra el Jubilar porque se dedica a los olvidados y tiene mejores resultados.

Da pena escuchar a dirigentes sindicales que callan frente al desplome educativo que está condenando a los más pobres a arreglárselas como puedan.

Paran contra el Jubilar y miles de muchachos ese día se quedarán en la calle, sin clases y muchos sin adultos que los cuiden. Los peores ataques a la democracia y la justicia suelen hacerse en nombre de altos valores, este es un caso típico y vergonzoso.

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